En apenas seis meses, el norte argentino perdió más de 40.800 hectáreas de bosque nativo. La cifra vuelve a encender las alarmas sobre una problemática que lleva décadas avanzando y que, según advierten desde Greenpeace, ya ubica al Gran Chaco entre los ecosistemas forestales más deforestados del planeta.

El dato surge del último monitoreo realizado por la organización ambientalista en Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco, las cuatro provincias que concentran cerca del 80% de la deforestación del país. Solo durante el primer semestre de 2026 se desmontaron 40.862 hectáreas.

La deforestación en Brasil cae a mínimos desde 2019

“Lo que observamos es una situación de acumulación muy importante. Este informe refleja solo los primeros seis meses del año, pero desde 1998 ya se perdieron más de siete millones de hectáreas de bosques en el norte argentino”, explicó Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace en diálogo con LG Play.

El especialista recordó que la superficie perdida equivale al tamaño de una provincia completa y sostuvo que la situación del Gran Chaco -que también abarca territorios de Paraguay y Bolivia- es comparable con la de la Amazonia, aunque recibe mucha menos atención internacional.

Múltiples pérdidas

La desaparición de los bosques no solo implica la pérdida de vegetación. Para Giardini, sus consecuencias alcanzan prácticamente todos los aspectos del ambiente.

“Esta destrucción genera emisiones de gases de efecto invernadero y agrava la crisis climática. También provoca una enorme pérdida de biodiversidad, porque allí viven miles de especies de plantas y animales, muchas de ellas amenazadas, como el yaguareté”, señaló.

A eso se suma la pérdida de servicios ambientales esenciales. “Los bosques regulan el ciclo del agua, protegen los suelos, almacenan carbono y aportan alimentos, madera y plantas medicinales. Cuando desaparecen, aumentan tanto el riesgo de inundaciones durante las lluvias intensas”, señaló el experto.

Un estudio precisa el impacto de la deforestación en la sequía de la Amazonia

Por otro lado, muchas comunidades campesinas e indígenas ven alteradas sus formas de vida o directamente son desplazadas de los territorios donde históricamente habitaron.

Eventos extremos

Los efectos ya comienzan a percibirse en la vida cotidiana. “La deforestación contribuye a la crisis climática global. Después, esa crisis se manifiesta de distintas maneras según cada región: con precipitaciones más intensas, sequías prolongadas o cambios bruscos de temperatura”, explicó Giardini.

Ante este panorama, entre las medidas que propone Greenpeace figura incorporar la destrucción de bosques nativos al Código Penal. “Hoy deforestar miles de hectáreas no constituye un delito penal. Es apenas una infracción administrativa. Eso limita la intervención de la Justicia”, sostuvo.

El Gobierno rechazó la medida: la UE calificó a Argentina como país de riesgo “estándar” de deforestación

No obstante, aclaró que esa modificación debería ir acompañada por políticas públicas de largo plazo, mayores controles, más presupuesto para combatir incendios forestales y un fuerte impulso a las actividades productivas sustentables.