Mientras los jugadores de Temperley armaban una ronda en el centro de la cancha para festejar el triunfo, en las tribunas de La Ciudadela la escena era de incredulidad absoluta. San Martín acababa de pasar del empate agónico y la esperanza de darlo vuelta épicamente, a la derrota en la última jugada del partido. La respuesta del público no fue la silbatina ni los insultos de otras tardes, sino el silencio total. El plantel se retiró hacia los vestuarios sin aplausos pero también sin abucheos, mientras la gente se quedaba inmóvil, tratando de procesar lo que acababa de ocurrir.

Un golpe de entrada y la batalla perdida en el medio

El encuentro arrancó torcido para el local. Aunque el "Santo" intentó pararse en campo rival y presionar alto de entrada, la fluidez de Temperley con la pelota desnudó rápido algunas grietas en el esquema dispuesto por Alejandro Orfila. A los 8 minutos, tras una destacada maniobra asociada que la defensa tucumana nunca pudo cortar ni descifrar, la visita estampó el 1-0 por medio de un cabezazo de Facundo Kruger. San Martín sintió el impacto: lució impreciso y desorientado durante un largo tramo, sufriendo especialmente en el círculo central, donde el doble cinco compuesto por Agustín Granero y Santiago Briñone fue superado y anticipado en forma constante por los volantes rivales.

Pese a los desacoples, el equipo intentó serenarse y construir desde el fondo, pero le costaba demasiado; Gabriel Carabajal no bajaba para manejar los hilos, y la dupla de mediocampistas centrales competía para ver quién de los dos fallaba más pases.

Lo mejor del primer tiempo fueron algunos ataques por la derecha en los pies de Bruno Cabrera. El extremo, algo más claro que sus compañeros, tuvo un par de jugadas en las que se sacó hombres de encima, pero no dispuso de compañía. Álvaro Veliez estaba prácticamente desaparecido en ataque, Diego Diellos recibía muy pocas pelotas y los mediocentros completaban una etapa flojísima, al punto de casi regalar el segundo tanto en un par de pérdidas con el equipo mal parado.

Empuje a ciegas, espejismo y el mazazo final

En el complemento, San Martín fue a buscar el resultado, pero lo hizo a los empujones, desprovisto de ideas y de claridad conceptual. El trámite se volvió un monólogo de centros al área que la zaga del "Gasolero" despejaba sin mayores sobresaltos. En las tribunas, la atmósfera tuvo un matiz diferente a otros tiempos: aunque sí se escuchó el clásico "Movete, Santo, movete", se cantó con bastante menos presión y desesperación que en momentos pasados. Había más nervios que furia; el equipo todavía tiene crédito.

Buscando una cuota más de creación, Orfila mandó a la cancha a Nicolás Castro en lugar de Granero. Aunque el cambio le dio un leve respiro al manejo de la pelota, el equipo continuó desdibujado y expuesto a las réplicas de un Temperley que dejó pasar dos contras claras para liquidarlo.

Cuando el partido moría en la impotencia, la fortuna le guiñó el ojo a La Ciudadela. A los 46 minutos del segundo tiempo, un grave error del arquero visitante luego de un remate desde afuera del área de Castro, le sirvió el gol en bandeja a Mauro Verón. El 1-1 fue una recompensa a la perseverancia. Parecía punto salvado y desahogo concretado. Sin embargo, en la última jugada de la noche, con San Martín desarmado en el fondo, Temperley aprovechó el caos y decretó el 2-1 definitivo, con Marcos Echeverría dando el pase a la red totalmente solo.

El premio fue excesivo para un Temperley que solo se había dedicado a esperar el final. San Martín remó y remó, pero terminó muriendo en la orilla.