Cuatro partidos alcanzaron para que Alejandro Orfila modificara el ánimo de San Martín. El ciclo comenzó con un empate 1-1 frente a Temperley, continuó con un trabajado triunfo 1 a 0 sobre Patronato en Paraná, tuvo su punto más alto con la goleada 3 a 0 ante Almagro y sumó un nuevo capítulo con el empate sin goles frente a Deportivo Maipú en Mendoza. La cosecha es positiva: ocho puntos sobre 12, invicto y apenas un gol recibido. Sin embargo, el mayor mérito del entrenador uruguayo no pasa exclusivamente por los resultados, sino por haber conseguido que el equipo muestre recursos diferentes según el contexto. El próximo paso será mucho más complejo: unir esas virtudes para construir una identidad definitiva.
El debut de Orfila, apenas días después de la dura derrota contra Colegiales, ya había dejado un mensaje. San Martín empató en Turdera, pero cambió la postura. El entrenador mantuvo el 4-1-4-1 que había imaginado desde su llegada y priorizó que el equipo se adueñara de la pelota, presionara más arriba y asumiera riesgos. No alcanzó para ganar, aunque sí para transmitir que la intención futbolística sería distinta a la que había mostrado el equipo durante gran parte de la primera rueda.
La primera confirmación llegó una semana más tarde, en Paraná. Allí el "Santo" encontró algo que hasta entonces le había costado: combinar funcionamiento con eficacia. Patronato presionó alto durante el arranque, pero San Martín respondió con solidaridad en los relevos y un bloque compacto que fue creciendo con el correr de los minutos. Agustín Graneros comenzó a soltarse desde el doble pivote, Alan Cisnero aportó juego entre líneas y los refuerzos empezaron a justificar la apuesta del cuerpo técnico. Bruno Cabrera dejó destellos interesantes, Rodrigo Ayala mostró personalidad y Álvaro Veliez marcó el gol del triunfo. Más allá del resultado, el equipo exhibió una estructura capaz de resistir la presión inicial, golpear en el momento justo y sostener la ventaja con orden.
¿El punto más alto del ciclo?
La goleada sobre Almagro representó el punto más alto del ciclo. Allí apareció el San Martín que probablemente imagina Orfila. Un equipo intenso, agresivo, capaz de recuperar la pelota pocos segundos después de perderla y de transformar cada recuperación en un ataque peligroso. Gabriel Carabajal aportó pausa y claridad en su debut, Santiago Briñone y Graneros dominaron el mediocampo y los extremos encontraron espacios para lastimar. La presión alta ahogó la salida rival y el 3 a 0 fue la consecuencia lógica de una superioridad que se sostuvo desde el inicio hasta el cierre del primer tiempo.
Cuando el plan cambió sobre la marcha
Mendoza planteó otro examen. Deportivo Maipú llevó el partido a un escenario incómodo y obligó a San Martín a mostrar una versión distinta. El plan inicial volvió a ser ambicioso, pero comenzó a resquebrajarse muy temprano. La amarilla a Graneros condicionó el equilibrio del mediocampo y la lesión de Luca Arfaras terminó de alterar el libreto. A partir de allí, el equipo perdió profundidad y dejó de controlar el desarrollo. Maipú adelantó sus líneas, manejó la pelota durante buena parte del complemento y obligó al conjunto tucumano a retroceder varios metros.
Fue entonces cuando apareció una faceta que también resulta indispensable para un candidato. San Martín dejó de intentar jugar el partido que había imaginado y empezó a competir el que realmente tenía por delante. Defendió cerca de Nahuel Manganelli, soportó la presión del local y aceptó que el empate era un resultado valioso dadas las circunstancias. No fue el equipo dominante que había deslumbrado frente a Almagro, pero tampoco perdió la compostura cuando el trámite se volvió adverso.
El propio Orfila resumió esa idea al terminar el encuentro. "En el primer tiempo pudimos hacer lo que queríamos, pero después el partido se hizo duro y trabado", explicó. Y dejó una frase que ayuda a entender cómo concibe el fútbol. "Cuando no te podés imponer en el juego, el equipo tiene que poner garra, lucha y disputa. Estuvimos a la altura". Más tarde, completó el concepto. "Cuando no se puede ganar, sumar es importante. A mí me encanta atacar, pero no podemos ser necios".
El próximo paso del ciclo
Esa declaración marca un cambio respecto de otros procesos recientes. San Martín ya no parece un equipo atado a un único libreto. Puede presionar alto, como ocurrió frente a Almagro; esperar y salir rápido, como hizo en Paraná; o resistir y defender el resultado cuando el contexto lo exige, como sucedió en Mendoza. Esa flexibilidad es una virtud, aunque también deja en evidencia cuál es el desafío pendiente.
Porque las mejores versiones del equipo todavía aparecieron por separado. Contra Patronato mostró orden y eficacia, pero no dominó durante todo el encuentro. Frente a Almagro combinó intensidad, juego y contundencia, aunque casi no fue exigido defensivamente. En Mendoza demostró oficio para sostener un punto, aunque generó muy poco en ataque. El objetivo ahora será reunir todas esas herramientas en un mismo partido.
El calendario ofrece una buena oportunidad para intentarlo. Este sábado, desde las 19, San Martín volverá a enfrentar a Temperley en La Ciudadela, apenas unas semanas después del empate en Turdera correspondiente al encuentro pendiente de la cuarta fecha.
Si algo dejaron estas primeras cuatro fechas es la sensación de que Orfila ya consiguió modificar el piso del rendimiento. Ahora buscará elevar el techo.