La postal era la de una final: miles de argentinos cantando, saltando y abrazados en pleno corazón de Nueva York. Pero detrás de la fiesta que copó Times Square apareció una misma preocupación entre los hinchas: la mayoría no tenía entrada para el partido decisivo del Mundial.

Bombos, banderas, camisetas y canciones transformaron la esquina más famosa de la ciudad en una tribuna improvisada. Sin embargo, para muchos de los que viajaron hasta Estados Unidos o viven allí, el sueño de estar en el estadio quedó reducido a verlo desde un bar, una casa o una pantalla gigante.

EL ÚLTIMO DEL MUNDIAL. Entre canciones, abrazos y banderas, los argentinos hicieron sentir local a la Selección en pleno corazón de Nueva York.

Esa fue la realidad que atravesó Guillermina, una cordobesa que vive en Estados Unidos y que intentó conseguir un lugar para la final, pero abandonó la búsqueda cuando vio los valores. "La más barata estaba en unos 5.000 dólares cuando empecé a mirar. Después ya se fue a más de 10.000", explicó.

Incluso viviendo en el país donde se juega el partido, la cifra le resultó imposible. "Somos dos personas. Con esa plata podés hacer el anticipo para comprar una casa. Es muchísimo", aseguró.

Como ella, muchos argentinos que copaban Times Square habían viajado miles de kilómetros para acompañar a la Selección, pero terminarían viendo la final desde un bar, una casa o una pantalla gigante.

"Ni siquiera estoy intentando", resumió Hernán Sánchez, hincha de River y residente en Nueva York. Aunque vive en la ciudad donde se disputa la final, nunca consideró la posibilidad de entrar al estadio. "Ni viviendo acá se puede. Sacaron al fútbol de donde siempre estuvo. Era un deporte del pueblo y lo transformaron en un negocio multimillonario. Este Mundial quedó para la gente que puede pagar esas entradas", cuestionó.

"Ni viviendo acá se puede. Sacaron al fútbol de donde siempre estuvo. Era un deporte del pueblo y lo transformaron en un negocio multimillonario. Este Mundial quedó para la gente que puede pagar esas entradas", cuestionó.

La historia se repetía una y otra vez entre los argentinos que copaban Times Square. Muchos habían viajado miles de kilómetros para acompañar a la Selección, pero terminarían viendo el partido desde un bar, una casa o una pantalla gigante.

Facundo Robles, hincha de San Martín, tampoco consiguió un lugar en la final. "No se puede. Por suerte pude ver tres partidos y con eso ya cumplí un sueño. La final la veremos en un bar", contó.

Mientras tanto, la fiesta seguía alrededor. Miles de argentinos cantaban como si ya estuvieran dentro del estadio. Porque si algo quedó claro en Times Square es que la final también puede jugarse lejos de las tribunas. Las entradas serán para unos pocos. El aliento, una vez más, será de todos.