Sobre una mesa, Ramona Luna estira una plancha de arcilla y recorta con cuidado la forma de un vestido. Después suma el poncho, marca los detalles y prepara la figura que llevará una pequeña guagua en la espalda. Así comienza a tomar forma una de sus cholitas, las piezas que ahora enseña a realizar en su taller de Tafí del Valle.

La cerámica llegó a su vida en 2000, en un momento en el que necesitaba encontrar una manera de sostener su casa y criar a sus hijos. En septiembre se cumplirán 26 años desde que inició su emprendimiento, un proyecto que define como una nueva etapa y, casi, como otro integrante de la familia.

“Yo me quedé sola y tenía que ver la manera de solventar las cosas, mantener mi casa y mandar a mi hijo a la escuela”, contó. Desde entonces, distribuye sus días entre las tareas domésticas, la producción artesanal, las clases y la atención de quienes llegan interesados en conocer su trabajo.

ARCILLA LOCAL. Ramona utiliza materiales de la zona para crear las piezas. / LA GACETA, ANALIA JARAMILLO

Su taller funciona en su propia casa, donde guarda figuras, urnas, vasijas y otras piezas. Los domingos también se instala durante algunas horas en la Sala de Cultura, ubicada en la terminal, mientras que en las vacaciones dicta talleres especiales para turistas y residentes.

Reinventarse cuando las ventas caen

Después de más de dos décadas en el oficio, Ramona reconoce que la situación cambió. Las ventas ya no tienen el mismo ritmo y, según calcula, la caída comenzó a sentirse con mayor fuerza hace unos cinco años.

“Este año está muy flojo. Ya no se vende como antes”, explicó. Pero entiende que no queda otra opción que buscar nuevas propuestas. Los talleres se convirtieron en una de esas alternativas, especialmente durante las vacaciones, cuando los visitantes disponen de tiempo para participar en una actividad distinta.

UNA CHOLITA TOMA FORMA. La figura se construye por partes y puede demandar entre una y dos horas de trabajo. / LA GACETA, ANALIA JARAMILLO

Aunque su especialidad es la cerámica, también aprendió tejido en telar, macramé, crochet, tunecino, dos agujas y cocina tradicional. Sin embargo, eligió concentrarse en un solo oficio para poder sostener la producción y dedicarle el tiempo que requiere.

En su trabajo utiliza arcilla local para muchas de las piezas. El proceso incluye el amasado, el modelado, el secado, el pulido y, según el objeto, la cocción. Algunas figuras pueden llevarse recién terminadas, mientras que otras necesitan permanecer en el taller hasta completar todas las etapas.

Una cholita hecha con las propias manos

Durante julio, Ramona propone un taller para crear una cholita de cerámica. La actividad cuesta $25.000 e incluye el kit, la arcilla, los colores y las herramientas. Solo recomienda asistir con un delantal.

La experiencia dura entre una y dos horas, aunque el tiempo depende de la habilidad y el ritmo de cada participante. Algunos terminan rápido; otros prefieren quedarse un poco más para sumar detalles o experimentar con otra figura.

Los lunes, miércoles y viernes recibe en su casa desde las 10, con turno previo. Los martes y jueves dicta clases en la Sala de Cultura desde las 14. Para reservar solicita una seña de $10.000.

RAMONA LUNA. Sostiene su emprendimiento desde 2000 y hoy combina la venta de piezas con talleres de cerámica. / LA GACETA, ANALIA JARAMILLO

En cada encuentro no solo muestra cómo modelar la pieza. También explica las características de la arcilla, la importancia de mantener la humedad y la forma de unir cada parte con el mismo material diluido en agua.