Cada vez que Argentina gana, en casi todos los pueblos del país se repite la misma escena: banderas por las ventanillas, motos tocando bocina y vecinos que salen a las calles para abrazarse con desconocidos. En Puesto Nuevo ya no ocurre. Este pequeño paraje ubicado a cuatro kilómetros de La Cocha y a pocos metros de San José también se ilusiona con la Selección de Lionel Messi, pero los festejos dejaron de recorrer las calles del pueblo. La razón no tiene que ver con la falta de entusiasmo, sino con una enorme grieta que terminó por partir a la comunidad en dos.
El viejo camino que durante décadas atravesó Puesto Nuevo y comunicó La Cocha con Graneros desapareció bajo el avance de la erosión. En su lugar quedó una abertura de aproximadamente tres kilómetros de longitud que, en algunos sectores, supera los cinco metros de profundidad. Allí donde antes pasaban autos, motos, bicicletas, hoy solo hay tierra desmoronada.
“Si queremos festejar tenemos que salir hasta la ruta 38”, cuentan los vecinos. Es el único lugar donde todavía pueden encontrarse para tocar bocina, flamear una bandera o celebrar un gol de Argentina sin quedar frente a un camino cortado.
La grieta modificó mucho más que la circulación. También alteró la vida cotidiana de todo el pueblo. Varias familias abandonaron sus viviendas después de que el terreno comenzara a ceder y todavía permanecen casas vacías al borde del barranco, algunas parcialmente devoradas por la erosión.
El episodio más dramático ocurrió en marzo de este año. Una fuerte creciente provocó el desborde del agua desde distintas fincas cercanas y aceleró el avance de la grieta. Desde entonces, el temor aparece cada vez que llueve.
Aun así, el Mundial sigue encontrando un lugar en cada hogar. Los televisores se encienden, las familias se reúnen y durante noventa minutos el fútbol consigue algo que parece imposible: hacer olvidar, aunque sea por un rato, el enorme surco que divide al pueblo.
Después del pitazo final, sin embargo, la realidad vuelve a imponerse. En Puesto Nuevo ya no existen las caravanas por las calles. Para encontrar ese ritual tan argentino hay que manejar unos kilómetros más, hasta la ruta 38, porque el camino donde antes se celebraban los triunfos de la Selección hoy forma parte de una grieta que amenaza con borrar al pueblo.