La derrota ante Escocia había dejado más preguntas que respuestas. Los Pumas habían mostrado buenas intenciones ofensivas, pero también una alarmante fragilidad en el juego aéreo y una defensa desorganizada que los condenó en Córdoba. Una semana después, en San Juan, el equipo de Felipe Contepomi ofreció la respuesta que necesitaba. No fue un partido perfecto, pero sí una actuación convincente que combinó intensidad, variantes ofensivas y una identidad mucho más reconocible para imponerse por 35-21 sobre Gales y volver a sonreír en el Nations Championship.

El comienzo, sin embargo, hizo pensar que la tarde podía complicarse. Apenas transcurridos tres minutos, un off-side argentino le regaló una plataforma ideal a los visitantes. Gales eligió el line-out en lugar de los palos y, fiel a su tradición, construyó un maul que terminó con Dewi Lake apoyando el primer try del encuentro. Era un llamado de atención para un equipo que todavía cargaba las dudas del debut.

La reacción fue inmediata y, sobre todo, reveladora. Tres minutos después, Los Pumas atacaron con velocidad, movieron la pelota con criterio y encontraron a Joaquín Oviedo para igualar el marcador. Esa respuesta temprana marcó el tono de una tarde en la que Argentina nunca volvió a perder el control emocional del partido.

A partir de allí apareció la mejor versión del conjunto albiceleste. Hubo posesión, dominio territorial y una clara intención de jugar de pie. Santiago Carreras manejó los tiempos con inteligencia, Gonzalo García distribuyó con criterio y Tomás Albornoz dirigió cada ataque con una precisión que terminó siendo determinante. El apertura no solo acertó todas sus conversiones, incluso desde posiciones muy incómodas, sino que administró el ritmo del partido con enorme madurez.

El segundo try argentino resumió esa evolución colectiva. Una gran apertura de Carreras encontró a Lucio Cinti, quien asistió a Justo Piccardo para que el centro rompiera un tackle y apoyara cerca de la bandera. La posterior conversión de Albornoz confirmó que Argentina ya había encontrado el camino.

Gales logró mantenerse en partido gracias a su fortaleza en las formaciones fijas. Tras un try anulado por el TMO, insistió con los forwards y llegó al empate mediante Rhys Carre. Sin embargo, la igualdad fue apenas un espejismo. Los Pumas ya dominaban prácticamente todos los aspectos del juego y solamente necesitaban transformar ese control en puntos.

Lo hicieron antes del descanso. Primero apareció Marcos Kremer apoyando tras una buena secuencia de fases cerca del ingoal. Después, un ataque de toda la cancha terminó con Santiago Carreras apoyando sin oposición luego de una gran acción colectiva iniciada por Bautista Delguy. En apenas tres minutos, Argentina pasó del equilibrio absoluto a una ventaja de dos tries que reflejaba con justicia lo ocurrido en el campo.

El 28-14 con el que se fueron al entretiempo incluso quedó corto. Los Pumas habían monopolizado la posesión, jugaron casi siempre en campo rival y encontraron múltiples caminos para lastimar. Hubo juego de manos, cambios de frente, velocidad por las puntas y una notable participación de los forwards en la continuidad de las acciones.

La segunda mitad confirmó esa superioridad. Apenas iniciado el complemento, Joaquín Oviedo volvió a apoyar tras encontrar espacios abiertos por la izquierda y prácticamente sentenció el encuentro con el 35-14. El tercera línea completó una actuación sobresaliente, siendo decisivo tanto en ataque como en el trabajo silencioso del contacto y la recuperación.

Lo más valioso del rendimiento argentino fue la diversidad de recursos. A diferencia del debut frente a Escocia, donde el equipo cayó reiteradamente en la desorganización, esta vez hubo paciencia para construir, criterio para acelerar cuando aparecían los espacios y una circulación de pelota que desarmó constantemente la defensa galesa.

Incluso el resultado pudo ser todavía más amplio. Un knock-on de Matías Moroni frustró otro try prácticamente apoyado y Pablo Matera también quedó a centímetros de sumar una nueva conquista. Durante gran parte del segundo tiempo, la sensación era que cada ataque argentino podía terminar en el ingoal rival.

Los últimos veinte minutos ofrecieron la única mancha de la producción. Con las modificaciones y el lógico desgaste físico, Gales consiguió monopolizar la posesión durante varios minutos. Aunque nunca generó demasiada sensación de peligro, terminó encontrando el descuento mediante Ben Warren para decorar un marcador que ya parecía definido.

Más allá de ese tramo final, Los Pumas dieron un paso adelante respecto de la preocupante imagen exhibida siete días antes. Frente a un rival que históricamente suele resultar incómodo -los galeses dominan ampliamente el historial y hasta habían ganado en San Juan en 2018-, Argentina recuperó confianza y mostró una estructura mucho más sólida.

La victoria no borra todos los interrogantes que dejó el debut, pero sí devuelve certezas importantes. El equipo volvió a reconocerse en un rugby dinámico, agresivo y ambicioso. Cuando mueve la pelota con velocidad, cuando sus backs encuentran espacios y cuando los forwards acompañan con continuidad, Los Pumas vuelven a parecerse al equipo que ilusiona con competir de igual a igual frente a cualquier potencia del Tier 1. En San Juan no solo llegó un triunfo necesario: también reapareció una identidad que parecía extraviada.