Los comienzos artísticos de Lola Mora en Tucumán fueron con la pintura y el dibujo, dirigida por el maestro Santiago Falcucci. De allí surgieron sus carbonillas de gobernadores de 1894. De ese tiempo es un retrato que le encargó Alberto León de Soldati, ministro de Gobierno de Benjamín Aráoz y posteriormente creador del parque 9 de Julio. Según Falcucci, lo hizo en pocas horas, “de notable parecido”. No se sabe qué ocurrió con ese retrato dibujado, que dio comienzo a una gran amistad de la artista con Soldati. Después ella profundizó sus estudios en Italia con Francesco Michetti (dibujo) y en 1897, cuando conoció a los escultores Constantino Barbella y Giulio Monteverde, se entusiasmó con el modelado. Un periodista de El Diario de Roma consigna que “le dieron la tierra plástica y los instrumentos para que se iniciara y se puso a ello con su habitual pasión, logrando en seis meses progresos que movieron al maestro (Michetti) a aconsejarle que siguiera la escultura con preferencia a la pintura. En efecto, ella sentía que la arcilla dócil bajo sus dedos la atraía aún más que la figura evocada en el plano de la tela”, según consignan Carlos Páez de la Torre (h) y Celia Terán en su biografía sobre la escultora. “Su técnica de trabajo consistía en modelar en arcilla, pasar las esculturas al yeso en su tamaño natural y posteriormente supervisar la ejecución en mármol, paso que encargaba a operarios o talleres especializados”, añaden.
De esos primeros trabajos en escultura están su autorretrato en mármol y un busto de Soldati, los cuales estuvieron en poder de Angelina Soldati de Páez de la Torre, según consigna el biógrafo Oscar Félix Haedo en Vida y obra de la primera escultora argentina.