Daniel Melingo, una de las figuras más singulares del rock y el tango argentinos, murió a los 68 años. Su cuerpo fue hallado sin vida en el interior de su vivienda por uno de sus hijos.

El músico, actor y poeta había integrado bandas emblemáticas como Los Abuelos de la Nada y Los Twist, y desde los años 90 había construido una carrera solista que reinventó el tango desde una sensibilidad rockera.

El artista preparaba una celebración especial para el 21 de septiembre, Día de la Primavera, cuando iba a presentar oficialmente los 30 años de Tangos Bajos, el álbum de 1998 que marcó su consagración en el género tanguero y reunió a varios de sus colaboradores históricos.

Melingo compuso temas como Hulla Hulla y Cleopatra, y a lo largo de su carrera tocó guitarra, saxofón y clarinete. Su voz grave y particular, capaz de bucear en tonos que parecían inalcanzables, se transformó en una marca registrada del lunfardo cantado.

También formó parte de algunas formaciones de Charly García y de Lions in Love, un proyecto under en España que combinaba soul y música electrónica.

Este año había vuelto a estar nominado a los premios Gardel, en la categoría Mejor Canción de Tango, por el tema La Guitarra junto a Fito Páez. En 2025 ya había sido reconocido en la misma categoría por la canción Pesar, junto a Pity Álvarez.

El rock en la vida de Melingo

Pese a su identificación con el tango, Melingo nunca dejó de reivindicar al rock como su primer amor. "Mi corazón, mis amigos y mi espíritu están en el rock. Pienso en rock todo el tiempo, más que en cualquier otra cosa", había declarado alguna vez.

Esa dualidad, sumada a su trabajo con el lenguaje y los giros lunfardos que ya exploraba desde Los Twist, terminó de definir un estilo propio que lo distinguió dentro de la música popular argentina.