Cuando Isving Voss buscó un destino para hacer un intercambio estudiantil, eligió Argentina. No sabía en qué ciudad viviría ni conocía prácticamente nada del lugar que la recibiría durante un año. El azar hizo lo suyo: hace 10 meses aterrizó en Tucumán y, en medio de su experiencia como estudiante del Gymnasium de la UNT, terminó viviendo un Mundial desde una de las provincias más futboleras del país.
La adolescente alemana, de 16 años, asegura que antes de viajar ni siquiera conocía la existencia de Tucumán. "Vine con cero expectativas", resume. Esa falta de referencias convirtió cada descubrimiento en una sorpresa. Pero si hubo algo que rápidamente confirmó fue que el fútbol ocupa un lugar central en la vida de los argentinos.
"Ya sabía que Argentina es un país apasionado por el fútbol y que el Mundial se iba a vivir con mucha intensidad", cuenta. Sin embargo, después de casi un año en la provincia encontró matices que no esperaba. "En Alemania también somos muy futboleros, pero siento que acá el fútbol forma mucho más parte de la vida cotidiana", explica.
Para ella, la diferencia se percibe en situaciones simples. "Acá, en todos los recreos hay chicos jugando a la pelota. En Alemania también pasa, pero no en todos los colegios ni todos los días", dice. Aunque ambos países son campeones del mundo y viven cada Copa del Mundo con enorme expectativa, Isving considera que existen diferencias en la forma de disfrutar el torneo.
"En Argentina veo que los partidos se viven mucho en las casas, con la familia o con amigos. Después la gente sale a festejar", sostiene. En Alemania, en cambio, predominan las reuniones masivas. "Allá es muy común que haya pantallas gigantes en plazas, parques o bares para que cientos de personas vean el partido juntas. Eso me llamó la atención porque acá no es tan habitual", compara.
Pese a esas diferencias, encuentra muchas similitudes. "Los dos países viven el Mundial con muchísima emoción. Hay banderas, se habla todo el tiempo de fútbol y mucha gente sigue todos los partidos", describe.
Desde que llegó a Tucumán también debió acostumbrarse a las bromas inevitables entre argentinos y alemanes. "Siempre aparecen comentarios sobre las finales entre Argentina y Alemania. Me dicen, en chiste, que Alemania robó el Mundial", cuenta entre risas.
Durante esta Copa del Mundo sigue cada presentación de la Mannschaft acompañada por otras estudiantes alemanas que también realizan un intercambio en Tucumán. "No estoy sola. Hay dos chicas alemanas y con ellas vimos el último partido de Alemania", cuenta. Aunque reconoce que no es comparable con vivirlo en su país. "Acá no hay tanta emoción cuando juega Alemania porque casi nadie la alienta", señala.
Mientras las selecciones no se enfrenten, no tiene inconvenientes en simpatizar también por la "Albiceleste". "Obviamente también aliento a Argentina", indica. Pero aclara inmediatamente que su corazón tiene dueño si vuelve a repetirse una final entre ambos. "Si Alemania juega una final contra Argentina, voy a alentar a Alemania", expresa.
Por fortuna, no tendrá que atravesar ese dilema en suelo tucumano. Su intercambio finalizará antes de la definición del Mundial y para entonces ya habrá regresado a Europa.
Más allá del fútbol, la experiencia también la obligó a adaptarse a costumbres completamente distintas. La siesta fue una de las primeras. "En Alemania, entre las 14 y las 16 es el horario para salir, hacer compras o juntarse con amigos. Acá está todo cerrado y al principio me costó acostumbrarme", se sincera. También incorporó hábitos argentinos que ya forman parte de su rutina. "Ahora meriendo todos los días. En Alemania hacemos tres comidas; acá son cuatro. También adopté un poco la forma de hablar y algunas costumbres", señala.
Sin embargo, hubo un detalle relacionado con el Mundial que terminó sorprendiéndola más que cualquier otra cosa: la pasión por las figuritas. "En Alemania también existen, pero son algo de chicos de ocho o nueve años. Después nadie las colecciona", dice. En Argentina encontró un fenómeno completamente distinto. "Acá las colecciona todo el mundo, sin importar la edad", indica.
Para Isving, esa escena resume mejor que cualquier explicación la relación que los argentinos tienen con el fútbol. Porque, aunque Alemania y Argentina compartan la pasión por el Mundial, hay pequeños gestos cotidianos que marcan la diferencia. Y descubrirlos, admite, terminó siendo una de las mejores partes de su intercambio.