Cuando regresamos de Dallas, el hotel parecía distinto. No en lo estructural, claro, sino en la gente.

Cerca de la medianoche del martes apareció la delegación de Túnez. Jugadores, dirigentes y miembros del cuerpo técnico empezaron a ocupar espacios que hasta unas horas antes estaban vacíos. Más tarde comenzaron a verse camisetas naranjas por las calles y algunas banderas. También algunos acentos diferentes, y así Kansas City volvió a transformarse.

Es una ciudad curiosa durante el torneo. Por algunos días parece vivir en una calma absoluta, pero después llega la previa de un partido y todo cambia. Como si alguien encendiera un interruptor invisible y las calles se pusieran en modo Mundial.

Lo comprobé unas horas después, cuando fui a cortarme el pelo. La peluquería estaba casi vacía. El hombre que me atendió había nacido en Chihuahua (México) aunque hace más de tres décadas que vive en Kansas City; y mientras acomodaba todo, comenzó a hablarme de fútbol.

ENCUENTRO. El Marriott de Kansas City se convirtió en un punto de reunión para delegaciones, periodistas e hinchas que llegaron desde diferentes rincones del planeta para seguir el Mundial 2026. Foto de Bruno Farano/ENVIADO ESPECIAL DE LA GACETA.

Me contó que había ido al partido entre Argentina y Argelia, y que había ido con la camiseta de Messi porque lo considera el mejor jugador del planeta. Y después, como quien recuerda una historia que tenía guardada desde hace años, mencionó que había sido peluquero personal de Claudio “Piojo” López.

Resulta que durante el paso del ex delantero argentino por Kansas City Wizards (así se llamaba en aquel momento el Sporting Kansas City) le cortaba el pelo, y hasta había establecido una cierta amistad.

De pronto, en una peluquería cualquiera de Missouri, apareció una conexión inesperada con el fútbol argentino. Eso es lo que tiene el Mundial de diferente.

NARANJA. Las camisetas de Países Bajos empezaron a multiplicarse por las calles y el transporte público de Kansas City en la previa de un nuevo encuentro mundialista. Foto de Bruno Farano/ENVIADO ESPECIAL DE LA GACETA.

Las ciudades empiezan a cruzar historias que, en otro contexto, jamás se encontrarían. Un mexicano que vive en Estados Unidos desde hace 30 años hablando de Messi y recordando al “Piojo” López, la selección de Túnez instalándose en el mismo hotel que ocupa LA GACETA e hinchas neerlandeses empezando a poblar las calles a la espera de su partido.

Kansas City sigue siendo una ciudad tranquila; sigue teniendo avenidas ordenadas, un tránsito amable y un ritmo muy distinto al de Dallas. Pero cada vez que se acerca un juego del Mundial cambia de piel.

PREVIA. Hinchas neerlandeses recorren el centro de Kansas City mientras esperan el partido de su selección, en una ciudad que cambia de ritmo cada vez que se acerca una jornada del Mundial. Foto de Bruno Farano/ENVIADO ESPECIAL DE LA GACETA.

Camisetas de distintos colores

Empiezan a aparecer camisetas de distintos colores, se escuchan idiomas nuevos y los restaurantes tienen más movimiento de lo habitual. Los hoteles se llenan y la ciudad, por unos días, se convierte en un punto de encuentro para personas que llegaron desde distintos rincones del planeta.

Quizás eso sea lo más interesante de esta Copa del Mundo. No solamente lo que ocurre dentro de los estadios sino también lo que pasa afuera.

En una peluquería, en un hotel o en una conversación casual que recuerda que, durante unas semanas, el mundo entero parece caber dentro de una misma ciudad.