Los contenedores de plástico para microondas deben ser mejorados para que no tengan el impacto negativo que generan. Así de simple es la recomendación de los expertos. Un estudio de la Universidad de Nebraska muestra que algunos recipientes de plástico aptos para microondas pueden liberar miles de millones de microplásticos y nanoplásticos durante el calentamiento.

Las ondas electromagnéticas interactúan con las cadenas de polímeros del plástico, generando un estrés térmico en el material. Ese estrés, aplicado de forma repetida en cada ciclo de calentamiento, debilita el plástico hasta fragmentar la cadena en partículas de escala microscópica y nanométrica que se desprenden hacia el interior del recipiente y, por extensión, hacia la comida.

Quienes realizaron estos ensayos aclararon que se hicieron en cultivos celulares, en laboratorio, bajo condiciones controladas. No existe todavía un estudio clínico que demuestre que el uso doméstico habitual de tápers en el microondas produzca los mismos efectos en el ser humano. 

La ciencia aún no tiene precisión de cuántos de esos fragmentos ingeridos logran cruzar las barreras biológicas del intestino, llegar al torrente sanguíneo y acumularse en órganos. Eso no significa que el riesgo sea inexistente.

Lo que es una certeza es la liberación, que es cuantificable y que se puede reducir con un cambio de hábito: calentar en cerámica o cristal. No porque los tápers "aptos para microondas" sean peligrosos en sentido estricto, sino porque la física que les otorga ese certificado no consideraba la fragmentación nanométrica como variable de evaluación cuando se redactaron las normas que siguen vigentes.

En caso de llevar la comida en un táper de plástico, lo ideal es pasarla a un plato de loza o vidrio antes de encender el microondas.

Los efectos

Algunos indicios de cómo impacta en el organismo estos desprendimientos ya apuntan en una dirección preocupante, según apunta un artículo web de Muy Interesante. Hay estudios que vinculan la exposición crónica a plásticos con un aumento de la mortalidad cardiovascular. 

La investigación global vincula la exposición a plásticos con el aumento de mortalidad cardiovascular en adultos. La estimación es que más de 350.000 muertes cardiovasculares en 2018 estarían vinculadas a un solo compuesto. El plástico es parte cotidiana de nuestra vida, pero algunos de sus componentes podrían estar afectando silenciosamente la salud de millones de personas en todo el mundo.