La NASA dio a conocer un descubrimiento inesperado sobre uno de los mundos más extraños observados fuera del Sistema Solar. Se trata de GJ 504 b, un planeta gigante similar a Júpiter, de color rosa brillante, muy frío y cubierto por nubes de sal.
El hallazgo fue posible gracias al telescopio espacial James Webb, que permitió estudiar por primera vez con gran detalle la composición química de este gigante salado. Los resultados forman parte de una investigación publicada en The Astronomical Journal y aportan una posible explicación a un misterio que intrigaba a los científicos desde hace años: por qué este planeta era tan tenue, frío y difícil de analizar.
GJ 504 b posee un radio apenas mayor que el de Júpiter y registra una temperatura cercana a los 290 grados Celsius. En términos astronómicos, ese valor lo ubica entre los objetos más fríos observados mediante imagen directa, una técnica que permite captar la luz de un planeta o de un objeto similar sin depender únicamente de los efectos que genera sobre su estrella.
Su llamativo color rosa o magenta ya lo había convertido en un objeto de especial interés para la comunidad científica. Sin embargo, las nuevas observaciones del James Webb revelaron un dato aún más sorprendente: su atmósfera contiene vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y señales compatibles con la presencia de nubes saladas.
Un mundo rosa que durante años desafió a los científicos
Durante mucho tiempo, GJ 504 b representó un verdadero desafío para los astrónomos. Su escaso brillo y la intensa luz de la estrella que orbita dificultaban la identificación precisa de las moléculas presentes en su atmósfera.
Equipos de investigación de distintos países lo estudiaron utilizando algunos de los telescopios terrestres más grandes del mundo, dedicándole noches enteras de observación sin lograr resultados concluyentes. El James Webb cambió por completo ese escenario: en apenas dos horas de observación obtuvo información suficiente para abrir una nueva etapa en el análisis de este extraño planeta.
“Cuando finalmente obtuvimos su espectro, de inmediato parecía interesante”, explicó Aneesh Baburaj, investigador posdoctoral de la Universidad Northwestern y autor principal del estudio. “Al profundizar en los datos, vimos que no se parecía a nada de lo que habíamos analizado antes”, agregó.
Los resultados fortalecen una hipótesis planteada hace más de 15 años, según la cual algunos mundos fríos situados fuera del Sistema Solar podrían poseer atmósferas con nubes exóticas, muy distintas de las que existen en la Tierra.
Un origen que todavía genera debate
A pesar de los avances, el origen de GJ 504 b sigue siendo motivo de discusión entre los especialistas. Los astrónomos aún no logran determinar con certeza si debe clasificarse como un exoplaneta gigante o como un compañero de masa planetaria, una categoría que agrupa a objetos del tamaño de un planeta que orbitan una estrella, pero cuya formación resulta difícil de explicar.
Los nuevos datos sugieren que este gemelo rosado de Júpiter sería rico en elementos pesados y tendría una edad estimada de entre 2.500 millones y 4.000 millones de años. Esa composición ofrece pistas importantes sobre un posible origen planetario.
Sin embargo, las dudas persisten. Algunas de sus características también lo acercan a una enana marrón pequeña, un tipo de objeto considerado intermedio entre un planeta y una estrella fallida, lo que mantiene abierto uno de los interrogantes más fascinantes de la astronomía actual.