Por Roberto Delgado y Gustavo Grupalli
La escultora tucumana Lola Mora estaba en la cúspide de su fama en 1906. En marzo de ese año recibió la vista de la reina Elena en su villino de la Via Dogali en Roma. La soberana permaneció “largamente” en su casa; la escultora la hizo pasar al estudio, le mostró las obras que estaba realizando y la reina admiró especialmente la alegoría de “El Comercio”, cuentan Carlos Páez de la Torre (h) y Celia Terán en la biografía sobre la artista.
La riuna prometió volver sin previo aviso “para verla con su característico traje de trabajo, traje casi masculino que oculta, entre los amplios pantalones y la larga chaqueta su figura graciosa y casi infantil”, según dijo el periodista de La Tribuna Illustrata.
En la imagen se ve a Lola recibiendo el anuncio de la visita de la reina.
Al día siguiente la visita real se repitió. Fue la reina Margarita de Saboya, viuda de Humberto I. En esos momentos se encontraba oficialmente en Roma el presidente Julio Argentino Roca. Una imagen del Archivo Gráfico Nacional muestra al mandatario con sus tres hijas, Lola Mora (de blanco) y el embajador argentino en Italia, Enrique B. Moreno. Al centro, se ve el sillón que había ocupado la soberana durante su visita.
La crónica de La Tribuna Illustrata ensalzaba a Lola Mora: “Trabaja con energía febril, horas de horas, sin descanso, creando estatuas colosales en pocos días, y dando vida y movimiento al mármol, que esculpe con fuerza viril”. La llamaba “muy inteligente e ingenua al mismo tiempo” y decía que la reina madre era admiradora de su “vivaz y fecundo ingenio”.