Para Luis Sebastián Hrabric, el Mundial 2026 tiene un significado especial. Mientras miles de hinchas viajan para acompañar a una sola selección, él vive la Copa del Mundo desde una perspectiva diferente: alentando a la Argentina, siguiendo a Croacia y observando también de cerca a México, el país donde construyó gran parte de su vida.

La historia de este tucumano, exjugador de Atlético y actual empresario radicado en Norteamérica, parece sacada de una novela. Nació y creció en Tucumán, desarrolló gran parte de su infancia y adolescencia en el "Decano", emigró a Monterrey hace 25 años y con el tiempo consiguió tres ciudadanías: argentina, mexicana y croata. "Soy 100% tucumano y 100% de Atlético", asegura sin dudar.

Su aventura mundialista comenzó incluso antes de la Copa del Mundo. Gracias a contactos generados durante años alrededor de la Selección, Hrabric ya había acompañado al equipo de Lionel Scaloni durante la Copa América que terminó con un nuevo título para la 2Albiceleste”. Ahora volvió a repetir la experiencia en Estados Unidos. "Arrancamos en la Copa América y después seguimos con esta aventura del Mundial. Tuvimos la suerte de ver a la Selección en Kansas y vamos a seguir acompañándola mientras avance", cuenta.

Nacionalidades

La historia de sus nacionalidades también tiene ribetes particulares. Primero obtuvo la ciudadanía mexicana luego de instalarse en Monterrey. Allí nacieron sus hijos y desarrolló su vida profesional. Más tarde llegó la ciudadanía croata gracias a la ascendencia de su abuelo. El trámite estuvo lejos de ser sencillo.

EN FAMILIA. Luis Hrabric viajó a la Copa del Mundo junto a sus hijos Martiniano y Feliciano.

"Fue un dolor de cabeza. Teníamos que hacer todo en Washington. Había que conseguir documentación en Argentina, viajar, cumplir plazos muy cortos. Fueron años de esfuerzo", recuerda. Sin embargo, ese sacrificio terminó adquiriendo un valor especial durante este Mundial. Hace unos días asistió al partido entre Croacia e Inglaterra y sintió por primera vez la emoción de acompañar a una selección que también forma parte de su identidad. "Fue muy lindo. Te hacés ciudadano de un país y después lo ves competir en un Mundial. Es una sensación difícil de explicar", señala.

Aun así, deja en claro cuál es la camiseta que ocupa el lugar principal en su corazón. "Argentina está por encima de todo. Es mi país, son mis raíces. Siempre voy a estar alentando a la Selección", explica.

El fenómeno Messi

Durante los partidos de la “Albiceleste” pudo comprobar algo que lo impactó profundamente: el fenómeno global que genera Lionel Messi. "Lo que produce Messi y la Selección Argentina es una locura. Vas a la cancha y tenés un hindú, un japonés, un ruso, gente de todos lados con la camiseta argentina. En cualquier estadio, de cada diez personas que ves, nueve tienen algo de Argentina", relata.

La pasión por el fútbol la heredaron también sus hijos. Aunque crecieron en México, siguen de cerca a Messi y a la Selección. "Los chicos se ponen camisetas de Messi, de Cristiano Ronaldo. Son íconos mundiales. Por supuesto que también quieren que a México le vaya bien, pero Messi genera algo distinto", explica.

Corazón “decano”

Detrás de esa historia internacional sigue existiendo el mismo chico que tomaba el colectivo para ir a entrenarse al complejo de Atlético. Hrabric llegó al club cuando tenía apenas unos años y recorrió todas las divisiones inferiores. Incluso integró el plantel profesional a fines de la década de los 90.

"Entrenaba desde chico. Viví momentos hermosos en el club. Tomábamos el colectivo para ir a las prácticas, después nos quedábamos en la cancha. Son recuerdos que me acompañan siempre", rememora.

Su camino futbolístico continuó luego por otros clubes tucumanos, entre ellos La Florida y Central Norte, hasta que comprendió que su futuro estaba fuera de las canchas.

Hrabric integró el plantel de Primera de Atlético Tucumán en 1998.

Cambio de vida

Entonces apareció Monterrey. Llegó a la ciudad mexicana con la intención de estudiar y encontró un lugar que terminaría cambiándole la vida. Se graduó en Administración de Empresas, realizó una maestría y posteriormente completó estudios de Alta Dirección, una de las escuelas de negocios más prestigiosas de América Latina.

"Pasé del mundo del fútbol al mundo académico y después al empresarial", resume. Su vínculo con Atlético, sin embargo, jamás desapareció. Incluso llegó a fundar una filial del club en México. "Hicimos todos los papeles con autorización del club. Llegamos a tener entre 200 y 300 chicos. Hoy sigue funcionando y eso me llena de orgullo", cuenta.

A la distancia tampoco pierde las costumbres tucumanas. Extraña la humita que preparaba su madre, los asados con amigos, el barrio Victoria y hasta detalles que para muchos pasan desapercibidos.

"Cuando te vas, extrañás todo. El sándwich de milanesa, los amigos, los lugares donde creciste. Incluso cosas que cuando vivís ahí ni siquiera valorás", reflexiona.

Por eso, mientras recorre estadios mundialistas en Dallas, Kansas o cualquier otra ciudad estadounidense, siempre encuentra una forma de volver a Tucumán.

Ya sea alentando a la Selección Argentina, siguiendo a Croacia por sus raíces familiares o mirando cada partido de Atlético desde cualquier rincón del mundo, Hrabric mantiene intacta la identidad que construyó desde niño.

Porque después de 25 años fuera del país, tres ciudadanías y una vida hecha en Norteamérica, hay algo que nunca cambió. "Atlético es lo más sagrado que llevo. No me pierdo un partido jamás. Esté donde esté", dice.