Los activos argentinos festejaron el segundo upgrade consecutivo. Tras la mejora de Fitch en mayo, Standard & Poor´s (S&P) elevó la nota soberana de CCC+ a B- y el mercado respondió de inmediato: el S&P Merval superó los U$S 2.200 con el sector financiero subiendo 11% en promedio, los Globales avanzaron hasta 2,3% y el riesgo país perforó los 400 puntos básicos, tocando mínimos desde 2018. La compresión acumula más de 1.500 puntos básicos desde los máximos de enero de 2024, detalla GMA Capital.

El upgrade (mejora de calificación), sin embargo, debe leerse como el inicio de un recorrido. Argentina todavía exhibe una prima de riesgo muy superior a la de sus pares regionales y carga con una historia de 10 rupturas de contratos con bonistas, advierte el reporte semanal al que accedió LA GACETA. Contextualizándolo en modo mundialista, si bien el campeón del mundo gana en la cancha, lleva décadas perdiendo en el campo financiero. “La memoria de esos episodios sigue incorporada en el precio que hoy paga el riesgo argentino. De hecho, si Argentina convergiera hacia los niveles de sus pares regionales, el país podría reducir cerca de un cuarto de su costo financiero total de 873 puntos básicos”, puntualiza el reporte privado.

Con ese telón de fondo, volvió a instalarse la pregunta sobre si es momento de reabrir el mercado internacional. El nivel actual del EMBI (430 puntos básicos) es comparable al promedio de la gestión Cambiemos y las garantías multilaterales del Banco Mundial y el BID suman U$S 2.550 millones como potencial puente. Por eso, el upgrade debe interpretarse más como el inicio de un recorrido que como una meta alcanzada. Brasil (BB), México (BBB-) y Chile (A-) construyeron durante décadas la credibilidad que hoy les permite acceder al financiamiento en condiciones mucho más favorables. Argentina dejó atrás la categoría CCC y se alejó de la zona de mayor estrés crediticio, sin embargo, el verdadero desafío recién comienza. Los fundamentos mejoran: superávit primario de 1,4% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2025, reservas netas en terreno positivo (U$S 3.700 millones) y señales incipientes de inversión extranjera directa (U$S 712 millones en lo que va del año). Pero la volatilidad macro sigue siendo la más alta de la región y eso no se corrige con un cambio de calificación, señala el economista Nery Persichini.

Los fundamentos

La comparación con otros soberanos emergentes permite matizar la lectura del upgrade. El 2025 cerró con un crecimiento del 4,5% para la Argentina y los esfuerzos en el plano fiscal dieron sus frutos, permitiendo terminar el año con un superávit primario del 1,4%. Para 2026, GMA espera que esta situación prosiga con un crecimiento proyectado por el mercado de 2,9% y un resultado primario de 1,6% del PBI. “En ambos frentes, el país luce mejor que la mediana de los soberanos con calificaciones B y B-, e incluso muestra una foto fiscal más sólida que varios créditos de mejor rating”, acota GMA.

Pero la mejora todavía convive con desequilibrios importantes, advierte. La inflación, aunque mostró mejoras, aún se ubica por encima de los niveles de sus pares. Las reservas también siguen siendo un punto débil. Sin embargo, la recomposición reciente fue una señal clave para el mercado y para las calificadoras.

El compromiso de compras del BCRA, que acumula U$S 10.800 millones desde el inicio del programa, permitió llevar las reservas netas a valor de mercado nuevamente a terreno positivo, superando los U$S 3.700 millones, detalla Persichini. Si bien la mejora no alcanza para dar por resuelto el frente externo, sí muestra avances en una de las variables más sensibles para la sostenibilidad financiera y ayuda a explicar por qué S&P empezó a mirar a Argentina con mejores ojos.

Los bonos en dólares suben y el riesgo país cae a su nivel más bajo desde 2018

Por otro lado, la lectura de MSCI, que mantuvo sin cambios su posición sobre Argentina (Standalone Market), refuerza esa misma cautela desde otro ángulo. Aunque se trata de un análisis distinto al de las calificadoras, más vinculado al mercado accionario, la falta de mejoras detectadas por el índice muestra que la normalización financiera todavía es una cuenta pendiente. subraya GMA.

¿Qué falta para mejorar la reputación financiera de la Argentina? Corregir los desequilibrios macroeconómicos era el primer paso, pero el desafío de fondo sigue siendo otro: reducir estructuralmente la volatilidad y desplazar a la Argentina hacia el cuadrante donde se encuentran las economías que logran crecer más, durante más tiempo y con menos sobresaltos, expresa GMA Capital.