El Sector Público Nacional (SPN) registró en mayo un superávit fiscal financiero de $478.613 millones, producto de un saldo primario favorable de $1,92 billones y un pago de intereses de deuda de $1,45 billones, según informó este miércoles el Ministerio de Economía.
Con este resultado, el acumulado de los primeros cinco meses del año arroja un superávit financiero de aproximadamente 0,2% del Producto Interno Bruto (PIB), con un superávit primario cercano al 0,7%.
Los ingresos totales del mes alcanzaron los $14,53 billones, un crecimiento del 27,8% interanual. El impulso principal provino del Impuesto a las Ganancias, que trepó un 72,5% respecto al mismo período del año anterior debido al vencimiento de sociedades, lo que permitió quebrar una racha de nueve meses consecutivos de caída real en la recaudación.
En contraste, el IVA retrocedió un 10% y los derechos de exportación continuaron en baja, con una caída del 17,4% interanual.
Por el lado del gasto, las erogaciones primarias del SPN sumaron $12,60 billones, un incremento del 30,3% interanual. Las prestaciones sociales representaron el rubro más voluminoso, con $8,38 billones, seguidas por las transferencias corrientes, que alcanzaron los $4,49 billones.
Dentro de estas últimas, las dirigidas a universidades crecieron un 89,1% interanual. Los subsidios económicos totalizaron $784.178 millones, con $523.417 millones destinados a energía y $258.687 millones a transporte.
Un dato relevante del mes fue la transferencia de utilidades del Banco Central de la República Argentina (BCRA) por los resultados de 2025, que ascendió a $24,4 billones y se destinó principalmente a reducir la deuda del Tesoro con esa institución.
La fragilidad que se proyecta hacia junio
El resultado de mayo no disimula la fragilidad del frente fiscal. Los analistas advierten que los ingresos podrían volver a caer en junio, lo que obligaría al Gobierno a profundizar el recorte de gastos. En abril ya se había roto el equilibrio buscado: los ingresos cayeron 2,1% en términos reales mientras los gastos subieron 1,6%.
La debilidad estructural de la recaudación responde a una actividad económica que sigue concentrada en sectores como la minería y la energía, mientras la industria y el comercio, motores del consumo interno, permanecen rezagados. A eso se suma el impacto de la reducción de retenciones a las exportaciones agropecuarias, una decisión de política fiscal que recorta recursos de manera sostenida.