Raparse, teñirse el cabello de celeste y blanco, correr una maratón, terminar una carrera universitaria o emprender una peregrinación para agradecer. A horas del debut de la selección argentina en el Mundial 2026, los tucumanos trajeron otra vez a la cancha una de las tradiciones más curiosas que acompañan a cada Copa del Mundo: las promesas que deberán cumplir si la Albiceleste logra conquistar su cuarta estrella.

Cada Mundial tiene cábalas, reuniones familiares y rituales que se repiten con el paso de los años. Pero entre todas las costumbres que rodean al fútbol, hay una que parece mantenerse intacta: las promesas que los hinchas realizan con la esperanza de que la selección argentina vuelva a levantar la Copa del Mundo. 

En Tucumán, el inicio del torneo ya despertó compromisos de todo tipo. Algunos están vinculados a la fe, otros representan desafíos personales y también están quienes están dispuestos a modificar su apariencia por una nueva consagración albiceleste.

Sole Duarte, de 25 años, asegura que en su entorno no son fanáticos del fútbol, pero que la alegría que dejó Qatar 2022 los llevó a sumarse esta vez a la tradición. “En mi familia no somos muy futboleros, pero la sensación que vivimos en el Mundial anterior fue tan increíble que para este, junto a mi hermana y mi madrina prometimos que si ganamos otra vez vamos a ir a dar las gracias a la Virgen del Milagro en Salta. Su fiesta es en septiembre, así que no vamos a estar tan lejos del final del Mundial”, contó.

Corina Villafañe, de 23 años, decidió unir la promesa con una meta deportiva. La joven practica running desde hace dos años y aseguró que una nueva alegría mundialista la impulsará a asumir un reto mayor. “Las expectativas para este Mundial son grandes. Venimos de la alegría de haber ganado el anterior y somos argentinos, ¡obviamente queremos ir por más! Para Qatar 2022 no hice ninguna promesa, pero este año sí hice una que incluye un reto personal. Dije que si ganamos me voy a preparar para correr una de las postas de la maratón del Cruce Calchaquí entre Tafí del Valle y Salta. Para el de este año ya no llego, pero en el siguiente sí o sí”, explicó.

APUROS. Los tucumanos se apuraron para llegar a ver el partido. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

La promesa más colorida la hizo Tiago, un alumno de 11 años de la Escuela Normal. “Si ganamos me voy a teñir toda la cabeza de blanco, celeste y amarillo. Ya les dije a mis papás, ellos se rieron pero yo sí lo voy a hacer”, afirmó convencido mientras se preparaba para regresar a su casa junto a sus compañeros.

La deuda de Qatar 2022

No todos los tucumanos comienzan desde cero. También están quienes todavía mantienen deudas pendientes con la tercera estrella conseguida en Qatar.

Lucas, estudiante de 27 años de Ciencias de la Comunicación, reconoce entre risas que aún no cumplió la promesa que realizó en 2022. “Prometí que si ganábamos la tercera iba a recibirme de la facultad. Pasaron cosas en el medio y todavía no lo hice, pero mi tesis ya está en proceso. Si todo sale bien este año me recibo, así que podría contarse como promesa para este nuevo Mundial”, señaló.

Algo similar le ocurrió a Federico Sánchez, de 20 años. “Cuando Argentina ganó en 2022 fuimos con mis amigos a festejar a la plaza Independencia. En medio de la euforia prometimos que nos íbamos a tatuar la bandera del país o las tres estrellas. Pasaron las fiestas, después las vacaciones de verano y nunca lo hicimos. Nos olvidamos. Cuando comenzó este año nos acordamos de nuestra promesa inconclusa. Íbamos a tatuarnos antes de que comenzara este Mundial, pero al final decidimos hacerlo si Argentina ganaba la cuarta”, relató.

También existen quienes todavía no definieron ninguna promesa, aunque no descartan sumarse con el correr de los partidos. Ese es el caso de Evelyn, de 30 años. “Creo que estoy a tiempo de hacer una. La verdad es que en el Mundial anterior no hice ninguna porque lo subestimé bastante, pero en ese momento vi que muchos hicieron y ganamos. Capaz ese es el truco”, bromeó.

Más allá del resultado, cada Copa del Mundo vuelve a demostrar que para los argentinos el fútbol también se juega con ilusión, mística y una larga lista de promesas por cumplir que ayudan a decir nuestra icónica frase: “Elijo creer”.