Erling Haaland no necesita una armadura de hierro, un casco con cuernos ni una enorme hacha para representar el espíritu vikingo. Su forma de entender el fútbol alcanza y sobra para transmitir esa imagen. Porque ser vikingo no tiene que ver con la apariencia, sino con la valentía. Con avanzar sin miedo. Con desafiar cualquier escenario. Con creer que no existe rival capaz de intimidarte. Y si alguien encarna esa filosofía en el fútbol moderno es justamente el goleador noruego. El Mundial 2026 apenas comenzó para Noruega y ya tiene una imagen que quedará grabada en la memoria de sus hinchas: Haaland celebrando sus primeros goles en una Copa del Mundo. El delantero del Manchester City firmó un doblete decisivo y lideró el triunfo por 4-1 sobre Irak, en una presentación que confirmó por qué su selección genera tanta expectativa.
Durante años, Noruega soñó con regresar a la máxima cita del fútbol después de una larga ausencia. Lo consiguió apoyada en una generación talentosa encabezada por Haaland y Martin Ødegaard. Ahora que finalmente llegó el momento de competir entre los mejores, la sensación es que no vinieron simplemente a participar. Vinieron a dejar una marca.
Desde el comienzo del encuentro, los escandinavos mostraron las características que los llevaron hasta Estados Unidos, México y Canadá: intensidad física, orden colectivo y una contundencia ofensiva capaz de castigar cualquier error. Y, por supuesto, un delantero que convierte cada pelota en una amenaza.
El primer golpe llegó gracias a una de las virtudes más difíciles de enseñar. El instinto. David Wolfe envió un centro rasante al área y Haaland apareció donde aparecen los grandes goleadores. Ni antes ni después. Justo en el momento indicado. Se lanzó en el segundo palo y empujó la pelota al fondo de la red para marcar el 1-0 y anotar así su primer tanto en los mundiales. La celebración fue apenas un anticipo de lo que vendría después.
Irak logró reaccionar y encontró el empate por intermedio de Aymen Hussein. El conjunto asiático consiguió equilibrar el marcador y, por algunos minutos, generó dudas en los noruegos. Sin embargo, Haaland parecía decidido a no permitir que la noche se le escapara. Cuando el primer tiempo se acercaba a su final, la defensa iraquí cometió un error imperdonable. Y frente a un depredador del área, los errores suelen pagarse caro. Muy caro. El atacante aprovechó la desinteligencia defensiva, recuperó la pelota y definió con la tranquilidad de quien sabe exactamente qué hacer en ese tipo de situaciones. Era el 2-1. Era su segundo gol de la noche. Era la confirmación de una actuación dominante.
Por un instante, la escena evocó una imagen inolvidable para los argentinos: el debut de Gabriel Batistuta frente a Grecia en Estados Unidos 1994. Aquella tarde, el "Bati" ya había construido una actuación memorable con dos tantos antes de un descanso. Haaland transmitió una sensación similar. La de un delantero que cada vez que entra en contacto con la pelota parece estar a segundos de convertir.
Pero reducir la actuación del noruego únicamente a los goles sería injusto. También presionó, peleó cada balón dividido, atacó los espacios y obligó permanentemente a la defensa rival a retroceder. Cada movimiento suyo condicionó el partido.
En el complemento siguió buscando. Quiso el tercero. Quiso la foto perfecta. Quiso igualar aquella marca de Batistuta (había hecho un hat-trick en su debut). No pudo conseguirlo, aunque estuvo cerca en varias ocasiones. El arquero iraquí y la falta de precisión en algunos remates le negaron el triplete.
De todos modos, Noruega ya había tomado definitivamente el control del encuentro. A los 76 minutos, Leo Østigård amplió la diferencia con un cabezazo tras un córner ejecutado por Ødegaard. Fue el premio para un equipo que dominó gran parte del segundo tiempo y que encontró en la pelota parada otra herramienta para hacer daño.
La goleada se completó en tiempo de descuento con un episodio desafortunado para Irak. Aymen Hussein, que había marcado el empate parcial y además había terminado golpeado físicamente, introdujo la pelota en su propia portería para decretar el 4-1 definitivo.
El resultado confirmó lo que muchos imaginaban antes del inicio del torneo: Noruega tiene argumentos para ser una de las selecciones más incómodas de esta Copa del Mundo. Y mientras tenga a Haaland en este nivel, cualquier sueño parece posible.
Porque los "vikingos" ya desembarcaron en el Mundial. Y su guerrero más temido empezó a hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: convertir goles.