Kylian Mbappé llegó a Estados Unidos con una misión tan clara como ambiciosa: sacarse la espina de Qatar 2022 y devolver a Francia a la cima del fútbol mundial. Cuatro años después de aquella final inolvidable frente a Argentina, el delantero parece haber encontrado una manera distinta de convivir con el recuerdo. Ya no intenta olvidarlo. Lo utiliza como motor. Porque si algo dejó aquella derrota fue una marca profunda. Mbappé hizo todo lo que estaba a su alcance para evitar la consagración argentina. Marcó tres goles en la final, convirtió en la tanda de penales y mantuvo con vida a Francia cuando parecía derrotada. Sin embargo, del otro lado apareció Lionel Messi para completar la obra y Emiliano Martínez para sostenerla con una de las actuaciones más recordadas de la historia de los Mundiales.
Aquella tarde terminó con la imagen del delantero francés observando la fiesta ajena. Una postal dolorosa para un jugador acostumbrado a ganar. Pero también una escena que, con el paso de los años, parece haber alimentado una versión todavía más competitiva de sí mismo. En su debut en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, Mbappé volvió a demostrarlo. Francia derrotó 3-1 a Senegal en un partido más complicado de lo que indica el resultado final, y la gran figura fue, una vez más, su número “10”.
Una prueba de carácter
El primer gol llegó tras una asistencia de Michael Olisé. Mbappé atacó el espacio con la naturalidad de quien ha repetido esa acción miles de veces. Quedó mano a mano frente a Edouard Mendy y definió con precisión. Fue un golpe importante para un partido que se encontraba equilibrado y que exigía paciencia.
Más adelante llegaría el segundo con un zapatazo de afuera del área. El gol que terminó de inclinar la balanza y que confirmó que el delantero del Real Madrid mantiene intacta su capacidad para aparecer cuando el escenario se vuelve exigente. Con ese doblete alcanzó los 14 goles en Copas del Mundo, superó a Lionel Messi y quedó a apenas dos del récord histórico del alemán Miroslav Klose. Sin embargo, las estadísticas cuentan apenas una parte de la historia.
Ya pasó a Messi: ¿Mbappé superará a Klose?
Después de una de sus conquistas, Mbappé realizó un festejo particular: simuló tocar una flauta. El gesto despertó todo tipo de interpretaciones. ¿Una referencia al Flautista de Hamelín? Tal vez. Lo cierto es que la imagen funciona como una metáfora interesante para explicar su influencia dentro del seleccionado francés.
Porque Francia llegó al Mundial rodeada de rumores, cuestionamientos y debates. Que si las entradas para los familiares, que si los premios económicos, que si el liderazgo del plantel, que si el compromiso de algunas figuras. Las polémicas aparecieron una detrás de otra durante la preparación. Pero el fútbol tiene una característica particular: cuando llegan las victorias, gran parte de esas discusiones pierden fuerza. Y Francia ganó.
A despejar rumores
Lo hizo sin desplegar un juego brillante ni una exhibición estética. Los dirigidos por Didier Deschamps no tienen el funcionamiento colectivo de España ni la circulación asociativa de Argentina. Su propuesta es diferente. Se apoya en la potencia física, en la velocidad de transición y en la calidad individual de futbolistas capaces de resolver partidos por sí solos.
Cuando ese plan encuentra espacios, el resultado suele ser demoledor. Ni siquiera Senegal, una de las selecciones africanas más competitivas de los últimos años, encontró respuestas para controlar a los franceses durante los momentos decisivos. Dos goles de Mbappé y otro de Bradley Barcola alcanzaron para construir una victoria que deja sensaciones positivas de cara a lo que viene.
Por supuesto, todavía es demasiado pronto para hablar de candidatos definitivos. Los Mundiales suelen castigar a quienes se apresuran en los diagnósticos. Pero hay señales que merecen atención. La principal tiene nombre y apellido. Mbappé parece haber transformado la frustración de Qatar en una fuente inagotable de energía competitiva. Ya no juega para escapar de aquel recuerdo. Juega impulsado por él. Y cuando un futbolista de semejante talento encuentra una motivación de ese calibre, el resto del mundo empieza a mirar con preocupación.
Francia dio el primer paso. Y su gran estrella dejó en claro que no viajó a Norteamérica para participar. Viajó para terminar lo que siente que quedó pendiente hace cuatro años.