Dr. Juan A. Gonzalez
Ex Secretario de Ambiente en Tucumán
Cuando abrimos una canilla, encendemos una luz o vemos un campo de caña de azúcar, limón o arándanos en producción, pocas veces pensamos en el servicio ambiental que hace posible todo eso. Sin embargo, detrás de cada vaso de agua, de cada hectárea cultivada y de buena parte de la energía que consumimos, existe un capital natural que trabaja silenciosamente: las Yungas tucumanas.
Los llamados servicios ambientales o servicios ecosistémicos son los beneficios que la naturaleza brinda a la sociedad. Algunos son visibles, como los alimentos o la madera. Otros, mucho más valiosos y menos reconocidos, son la regulación del clima, la protección de los suelos y, sobre todo, la captura, almacenamiento y provisión de agua.
En Tucumán, las Yungas funcionan como una enorme fábrica natural de agua. La vegetación intercepta la lluvia, favorece la infiltración en el suelo, recarga acuíferos y alimenta los ríos que abastecen a toda la provincia. Desde las nacientes protegidas en las montañas hasta la cuenca del río Salí-Dulce (que incluye parte de Salta, Santiago del Estero, Catamarca y norte de Córdoba), el agua sostiene a más de dos millones de personas y a gran parte de la actividad económica regional.
Toda la economía tucumana depende, directa o indirectamente, de este recurso. La agroindustria azucarera, citrícola y hortícola necesita agua para producir. La generación hidroeléctrica depende de caudales estables. Las ciudades requieren agua potable para hogares, hospitales, escuelas e industrias. Sin agua suficiente y de calidad, el PBG de la provincia se vería seriamente afectado. Cada hectárea de selva conservada ayuda a garantizar agua para el riego, para la generación de energía y para el consumo humano. En otras palabras, protege el futuro económico de la provincia.
Un “superhongo” de las yungas puede favorecer el cultivo de limónSin embargo, existe una paradoja: aunque el agua es la base de la riqueza provincial, rara vez aparece reflejada en las cuentas económicas. Es como celebrar los intereses de una cuenta bancaria mientras ignoramos el capital que los genera.
Esta omisión no es menor. El agua es probablemente el recurso natural más importante para la economía tucumana. Sin embargo, su aporte rara vez se mide o se incorpora en los indicadores económicos tradicionales. En la práctica, gran parte del Producto Bruto Geográfico de Tucumán depende de un servicio ambiental que la naturaleza provee gratuitamente.
Las reservas de agua subterránea y los acuíferos merecen especial atención. Durante décadas han actuado como una reserva estratégica frente a sequías o períodos de baja disponibilidad. Pero, como cualquier cuenta de ahorro, pueden agotarse si se extrae más agua de la que la naturaleza es capaz de reponer. Cuando eso ocurre, aparecen problemas de escasez, aumento de costos, deterioro ambiental y conflictos entre usuarios.
Proteger los ecosistemas
Numerosas ciudades y países ya comprendieron que proteger los ecosistemas que producen agua es mucho más rentable que intentar reemplazarlos con infraestructura artificial. Nueva York suele citarse como un caso emblemático: la ciudad decidió invertir en la conservación de las cuencas de los montes Catskill y Delaware porque el costo de proteger bosques y cursos de agua era muy inferior al de construir y operar gigantescas plantas de tratamiento. Quito (Ecuador) destina recursos a la conservación de los páramos andinos que abastecen de agua a millones de personas; Bogotá (Colombia) ha desarrollado programas de protección en ecosistemas de montaña estratégicos para su seguridad hídrica; y ciudades brasileñas como São Paulo aprendieron, durante las severas sequías de la última década, que la degradación de bosques y cuencas incrementa la vulnerabilidad del abastecimiento urbano. Incluso en Costa Rica, los mecanismos de pago por servicios ambientales demostraron que conservar bosques genera beneficios económicos tangibles para la producción, el turismo, la energía y el abastecimiento de agua.
Descubre el paraíso en las Yungas TaficeñasTodos estos casos tienen un denominador común: reconocer que el agua no es un recurso infinito y que los ecosistemas que la generan poseen un enorme valor económico, aunque rara vez aparezca reflejado en las cuentas nacionales. Tucumán enfrenta hoy un desafío similar. Las Yungas producen y regulan el agua que sostiene la agricultura, la industria, la generación eléctrica y el consumo humano. Ampliar la superficie de yungas protegidas no debe verse como un gasto ambiental, sino como una inversión estratégica para garantizar la competitividad, la productividad y el desarrollo futuro de toda la provincia.
Por eso, cuando hablamos de desarrollo, empleo o crecimiento, también debemos hablar de bosques, cuencas y acuíferos. El agua no es solamente un recurso natural: es la infraestructura más importante de Tucumán. Y las Yungas son la fábrica que la produce gratuitamente desde hace miles de años. Cuidarlas no es una opción ambientalista. Es una decisión económica estratégica.
Si las Yungas dejaran de prestar sus servicios ambientales, el costo de reemplazar artificialmente la regulación hídrica, la protección de cuencas y la recarga de acuíferos sería tan elevado que comprometería gran parte de la competitividad de la economía tucumana. Por eso, conservar estos ecosistemas no es solamente una cuestión ecológica: es una política de desarrollo económico.