El Mundial suele regalar historias en las que la épica y el romanticismo se imponen, al menos por un instante, a la frialdad de los presupuestos y la lógica deportiva. Lo que se vivió en Houston entra directamente en esa categoría: Curazao, una pequeña nación del Caribe que hace su estreno absoluto en el certamen, grabó a fuego su nombre en los libros de oro del fútbol tras festejar su primer tanto en la historia de los Mundiales en la derrota 7-1 contra Alemania.

El sorteo del Grupo E había sido sumamente hostil con el seleccionado dirigido por Dick Advocaat, poniéndolo frente a frente en el debut ante una potencia herida como Alemania. El panorama se tornó aún más complejo cuando los teutones se pusieron en ventaja apenas a los cinco minutos. Sin embargo, lejos de amedrentarse, la "Ola Azul" mantuvo su libreto y esperó su oportunidad para asestar un golpe que conmovería al planeta fútbol.

El reloj marcaba los 20 minutos de la primera etapa cuando llegó la acción que paralizó los corazones de los miles de fanáticos caribeños que coparon las tribunas con banderas y un color excepcional. El jugador del Zúrich de Suiza, Livano Comenencia —quien en su etapa juvenil defendió la camiseta de los Países Bajos—, se proyectó con decisión al ataque. Tras un despeje corto, la pelota le quedó picando en la frontal del área grande. El futbolista no dudó: sacó un potente zurdazo que se desvió levemente en el camino y terminó venciendo la resistencia del histórico Manuel Neuer para el 1-1.

Lo que vino después fue pura catarsis. El gol desató un alocado festejo en el rincón asignado a la afición isleña, con hinchas abrazados y al borde de las lágrimas. Pero la imagen que rápidamente se volvió viral y recorrió las redes sociales fue la del propio Dick Advocaat. El experimentado entrenador de 78 años, un trotamundos del fútbol internacional, rompió en llanto en pleno banco de suplentes, completamente quebrado por la emoción de ver a sus dirigidos plantarse y gritarle un gol a la tetracampeona del mundo.

Aunque los minutos posteriores devolvieron el partido a la realidad de la jerarquía teutona, con un 7-1 histórico, nadie le quitará a Curazao el orgullo de haber dejado su sello y su bandera en la gran cita del fútbol. El resultado final quedará para la estadística; el grito sagrado de Comenencia y las lágrimas de su DT ya son parte de la historia grande de las Copas del Mundo.