Por José María Posse

Abogado, escritor, historiador

El miércoles 17 se conmemora la muerte del caudillo Martín Miguel de Güemes, declarado héroe nacional por el Congreso de la Nación en 2006, a instancias de un grupo de salteños que incluso consiguieron un feriado nacional en su honor. ¿Son verdaderamente merecidos tales honores?

Frecuentemente se nos hace la pregunta del por qué Güemes no participó de la Batalla de Tucumán ni en la de Salta, o en las de Vilcapugio y Ayohuma, las últimas acontecidas en el año 1813. Tampoco estuvo, por cierto, en el histórico encuentro en la Posta de Yatasto (que ya se sabe no ocurrió exactamente allí) entre los generales José de San Martín y Manuel Belgrano.

El pecado

La verdad histórica fue que en junio de 1812 Belgrano separó al entonces Teniente Coronel Güemes del Ejército del Norte, confinándolo primero a Santiago del Estero por “actos de su vida privada”, pese a los antecedentes que ya tenía por los excelentes servicios prestados a la patria y elogiosos informes.

El “pecado” de Güemes “fue su relación amorosa con la esposa de un subordinado del salteño, el teniente Sebastián Mella, llamada Juana Inguanzo. El tema era que se comentaba con escándalo en el poblado de Jujuy, que incluso convivían los tres en el mismo rancho, a disgusto del subordinado. Se los veía a los tres, montado Güemes en su moro, la mujer en la grupa del caballo y el atribulado teniente llevando el caballo de la brida”.

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Enterado Belgrano, enfurecido lo amonestó, enviándolo a preparar la llegada de los restos del Ejército del Norte a su cargo, ya que tenía la orden del Triunvirato porteño de retroceder hasta Córdoba. El 23 de agosto de 1812 el general inicia junto al pueblo el Exodo Jujeño, dejando detrás tierra arrasada para entorpecer el avance del ejército realista que lo perseguía. El caso fue, que al llegar a Tucumán el 10 de septiembre de 1812, en el campamento de La Encrucijada en Burruyacu, recibió por un chasque el informe que el teniente coronel Güemes continuaba en público amorío con Inguanzo, quien lo había seguido hasta la vecina provincia. Ante esto, el general decidió su traslado a Buenos Aires, en calidad de detenido, poniéndolo a disposición de los altos mandos del ejército.

En Buenos Aires

El salteño llegó al destino de su confinamiento y pasó el tiempo sin que se tratara su causa. Fue así que el 20 de enero de 1813 solicitó a las autoridades se le hiciera conocer el motivo de su presidio, respondiendo el Estado Mayor que “no hay antecedente alguno”, por lo que el gobierno se dirigió a Belgrano para que haga conocer los motivos.

Su respuesta decía: “Habiéndome informado el alcalde de la ciudad de Santiago don Germán Lugones de la escandalosa conducta del teniente coronel graduado, don Martín Guemes, con doña Juana Inguanzo, esposa de don Sebastián Mella, teniente de dragones en el ejército de mi mando, por vivir ambos en aquella ciudad aposentados en una sola mansión, y habiendo adquirido noticias que este oficial ha escandalizado públicamente mucho antes de ahora con esta mujer en la ciudad de Jujuy… Con estos antecedentes indubitables, considerando que cualquier procedimiento judicial sobre la materia sería demasiado escandaloso y acaso ineficaz, he tomado la resolución de mandarle a Guemes. Espero que vuestra excelencia se dignara aprobar estas medidas en que sólo he tenido por objeto la conservación del orden, el respeto a la religión…”.

Con San Martín

Pasó el tiempo y la Revolución necesitaba de hombres de armas, con formación militar. Por entonces la presencia del general San Martín se hacía sentir en la ciudad portuaria. Enterado Güemes que don José estaba reclutando tropas para formar un ejército profesional, logró de éste su reincorporación al Ejército del Norte.

Gracias a ello pudo servir al General libertador en su campaña continental, y fue un hombre esencial en la guerra gaucha, organizando las partidas de criollos, quienes en guerrillas hostilizaban a los ejércitos realistas que pretendían ingresar por el Norte, para retomar sus dominios.

Con el tiempo se reconcilió con el general Belgrano, quien le tomó afecto sincero. El 9 de septiembre de 1816, Belgrano le envía una carta donde le dice: “Mi amigo y compañero querido…”

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EN AGONÍA. Hay distintas versiones sobre la circunstancia de su muerte.

Disputas

En los años de la guerra gaucha, en nuestra frontera norte, el general don Martín Miguel de Güemes solicitaba permanente ayuda material y financiera a Buenos Aires y demás provincias, para afrontar los gastos de una guerra que parecía no tener fin.

Acaso el salteño no se resignaba a aceptar que al puerto no le importaba perder las provincias del Norte; a pesar de las promesas, los auxilios no llegaban. La situación se volvía insostenible: las clases dirigentes salteñas, con sus comercios y haciendas ya exhaustas por años de sostener la lucha, comenzaron a retacear ayudas.

En virtud de ello, Güemes tomó la decisión de aplicarles una serie de empréstitos forzosos sobre sus fortunas y haciendas. Quizás lo que más lo alejó del afecto de los salteños pudientes fue la aplicación del conocido “Fuero Gaucho”. Cualquier peón de hacienda que tomara las armas junto a Güemes, además de no pagar arriendo a los dueños de las tierras que trabajaban, podía disponer de algunas cabezas de ganado para satisfacer las necesidades de alimentos de su grupo familiar. Pero en los hechos y según crónicas de la época, algunos se aprovechaban y arreaban cantidades significativas de vacunos, los que vendían o faenaban para beneficio personal. Algo similar ocurría con los empleados de los almacenes y pulperías.

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Todo esto se hacía con total desparpajo, a la vista e todo el mundo, incluso de las autoridades. De nada valían las protestas. Ello lógicamente lo enemistó con la clase dirigente salteña.

Invasión

Con el caudillo local, el gobernador Bernabé Aráoz, tuvo una seria disputa que llevó a que el salteño, coligado con el caudillo santiagueño Juan Felipe Ibarra, invadieran en tres ocasiones la provincia de Tucumán.

Todas las veces fueron derrotados en los combates del Manantial de Marlopa, Trancas y Acequiones. Esto debilitó su poder y envalentonó a sus enemigos en la propia ciudad de Salta, quienes lo depusieron. Aunque recuperó el poder, apoyado por sus “infernales”, su suerte se había acabado. Murió al poco tiempo, en circunstancias que aún hoy son motivo de discusiones.

La emboscada

Oficialmente se ha escrito que el héroe salteño murió como resultado de una emboscada efectuada por una partida de realistas al salir, ya entrada la noche, de la casa de su hermana Macacha. Otra versión, contada hasta el hartazgo por “historiadores y tradicionalistas” norteños afirma que la herida fatal fue producida por el tiro de escopeta, efectuado por un sargento de su ejército que lo habría descubierto in fraganti en una situación íntima con su esposa.

No podemos afirmar ésta última versión, la que seguramente puede tener su origen en el antecedente con Juana Inguanzo, mujer de aquel oficial. Además se sabe por tradición que Güemes era un hombre buscado por las mujeres. Lo cierto es que luego de una penosa agonía falleció en una estancia cercana a la ciudad de Salta. Su historia y leyenda son parte sustancial de la tradición del norte argentino.

Merecimiento

La historia de los hombres es la de sus glorias y también la de sus miserias. En nada opaca la leyenda de don Martín Miguel de Güemes las circunstancias de su muerte, o su debilidad por las mujeres. Para los salteños, es su máxima figura histórica.

Coincido en que así sea tratado, ya que fue un estratega extraordinario que mantuvo la frontera caliente, distrayendo ejércitos que debían proteger la ciudad de Lima, capital de la resistencia realista, mientras San Martín formaba sus fuerzas para cruzar la cordillera y liberar Chile.

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Es lo que engrandece su figura, además del hecho de no aceptar los médicos que los propios realistas le ofrecían para atender sus heridas, a cambio de su rendición incondicional. Sin duda el salteño, merece el recuerdo agradecido de las generaciones actuales.