“Tener hemorroides” es una frase que no se dice a muy alta voz. No hay nada extraño en tenerlas, pero sí se vuelve todo un problema cuando se las tiene mal. Esto es hinchadas e inflamadas lo que dificulta el momento de evacuar, provocando dolor y, después, la incomodidad dura varias horas.

Todos nacemos con esas venas ahí; son una especie de "almohadillas" de tejido que ayudan a controlar la evacuación. Si sufren demasiada presión, se dilatan, se inflaman y empiezan a molestar. Se estima que una de cada cuatro personas en el mundo las padecen. La consulta con el especialista es fundamental para el tratamiento farmacológico. Eso sí depende del organismo de cada paciente, pero los consejos se aplican de manera general a cualquiera de las crisis que se presentan.

El dolor, ardor e incomodidad puede aliviarse en principio ajustando la alimentación. El gran objetivo durante lo que dura la crisis no hacer ningún tipo de esfuerzo ni presión, que es lo que más irrita y empeora las hemorroides. 

Mientras pasa el brote los alimentos que van a ayudar son las frutas tiernas, como manzanas o peras (con cáscara), bananas bien maduras, ciruelas y kiwi. Las verduras cocidas como zapallo, calabaza, zanahoria, espinaca o acelga son más fáciles de digerir. Las legumbres como lentejas o garbanzos también ayudan como así también los cereales integrales, la avena, el arroz integral o el pan 100% integral.

Las comidas ultraprocesadas son las que hay que evitar. Las grasas o alimentos cocinados con aceite, ralentizan la digestión. Lo que irrita mucho las paredes del recto son los picantes y especias; mientras que las harinas blancas (pan blanco, galletitas de agua, fideos comunes) y arroz blanco, generarán estreñimiento. El cuerpo necesita estar hidratado por lo que el alcohol debe evitarse y no excederse con la cafeína.

Más alternativas

Para reducir el nivel de dolor se pueden hacer baños de asiento con agua tibia entre 15 y 20 minutos máximo tres veces en el día. En el bidet o en una palangana se generará el microambiente ideal para que el calor relaje el esfínter y la desinflamación disminuya drásticamente. 

Al momento de evacuar, no hay que aguantar por más que sea doloroso; como precaución extra no llevar al baño nada para leer ni el celular, porque quedarse mucho tiempo en esa postura ejerce mucha presión hacia abajo por pura gravedad. En lo posible lavar la zona directamente con el bidet o usar toallitas húmedas sin perfume, mientras que el secado nunca debe ser frotando.

Errores

Pensar que lo mejor es quedarse de pie, es lógico, pero la realidad es que estar parados en el mismo lugar por muchas horas es casi tan malo como estar sentados. Todo se reduce a la gravedad y a la presión. Al tomar asiento, todo el peso del torso cae directamente sobre la zona anal, aplastando las venas hemorroidales.

Y al estar de pie, la gravedad hace que la sangre se acumule en las venas de la parte baja del cuerpo también aumentando la presión interna de las hemorroides, haciendo que se hinchen y duelan más. Entonces ¿hay una postura adecuada? Lo más práctico es alternar las posiciones. Una misma posición no debe ser sostenida por más de 45-60 minutos seguidos.

Caminar a un ritmo tranquilo es excelente porque activa la circulación de la sangre y además estimula el movimiento de los intestinos para ayudar a ir al baño.

El mejor alivio para muchos llega acostado de costado. Cuando se está descansando, mirando tele o usando el celular hay que acomodarse sobre uno de los hombros; es la única posición en la que se elimina por completo la presión de la gravedad sobre la zona anal.

Hay un accesorio que adquirió una reputación buena para mitigar los efectos de las crisis: los almohadones inflables en forma de anillo. El hueco en el medio lo que hace es que la zona central “cuelgue” y aumente la presión en las venas hacia abajo, empeorando la situación.