“El Indio Solari a mí me salvó y sanó de muchas formas”, dice Ana Barrionuevo, de 22 años. Después agrega: “Estoy agradecida eternamente”. Llegó a la música del Indio por su papá —fanático de La Renga— y todavía recuerda la primera canción que escuchó: “Luzbelito y las sirenas”, cuando tenía diez años. “Desde ahí no lo solté más”, cuenta. Hoy no encuentra artistas contemporáneos que le generen algo parecido. “No escucho nada relacionado a esta generación. Creo que nada se compara”, expresa.

Carlos Alberto Solari murió el 9 de junio de 2026. En las horas que siguieron, Tucumán -como el resto del país- se detuvo. Pero lo que ocurrió no fue solo duelo. Fue también la confirmación de algo que muchos ya intuían: el Indio no era una moda. Era, como dicen sus seguidores con una convicción casi religiosa, una obra atemporal. Una obra que sigue llegando a chicos que nacieron cuando Los Redondos ya se habían separado.

CUMPLEAÑOS TEMÁTICO. Ana Barrionuevo con su perro y la torta de Patricio Rey.

“El Indio no me subestima”, resume Micaela Agustina Córdoba, de 28 años, Profesora de Historia de la UNT. Llegó a Los Redondos por YouTube, mientras buscaba música nueva. Encontró el álbum Oktubre y quedó atrapada. “En ese momento estaba muy copada con la Revolución Rusa y ese disco para mí era una oda a eso”, recuerda. Después vinieron las letras que la obligaban a investigar referencias históricas, buscar nombres y volver a escuchar las canciones otra vez.

“Sus letras tienen poesía que te invita a reflexionar y a investigar”, dice. Ella misma reconoce que escuchar Los Redondos fue uno de los factores que la llevó a elegir Historia. Y como historiadora no duda: "Son una de las expresiones más potentes de la cultura popular argentina del siglo XX. Han logrado canalizar el malestar de una gran parte de la sociedad. Y eso sigue vigente". Y suma: “Es un fenómeno social que solo puede compararse con ser peronista o ser hincha de boca”.

Las "misas ricoteras": entre el anhelo inalcanzable y la nostalgia sagrada

Nacho Juárez tiene 23 años y toca el saxo en Suerte Vagabunda, banda tucumana tributo a Los Redondos que el 11 de julio celebra su segunda Fiesta Ricotera en el Teatro Puerto Cultural Libertad. Él entró a la banda a los 18, sin conocer a fondo la discografía. Lo que vino después fue una inmersión total. "Entender toda la discografía, entender los momentos, entender las letras, entender las críticas... me pasó cuando ingresé a la banda", dice. "Me escuché todos los temas inéditos", agrega.

COVERS. Nacho Juárez tiene 23 años y toca el saxo en Suerte Vagabunda, banda tucumana tributo a Los Redondos.

Para Nacho, la clave está en que el mensaje del Indio no pertenece a una época. "Muchas críticas tienen que ver con cosas que ocurrieron en ese momento, pero siguen representando muy bien lo que ocurre hoy", explica y suma: "Es una invitación a reflexionar sobre problemáticas sociales que siguen existiendo".

Hay algo que estos jóvenes comparten con quienes sí vivieron las misas: la certeza de haberse perdido algo irrepetible. "Me hubiera encantado estar ahí", dice Ana. Nacho, que creció escuchando los relatos de sus compañeros de banda -todos con más de diez años que él- lo describe como un umbral que solo se puede cruzar de una manera: "Tener esa emoción en el pecho cuando estás ahí... solo la podría entender el que lo vivió".

Para quienes sí estuvieron, el recuerdo tiene la textura de lo sagrado. Sergio Rodríguez, de 38 años, lo intenta: "Empezabas a planificar el viaje dos o tres meses antes. Nos conectábamos por foros, coordinábamos con gente de todas las provincias. Había gente que llegaba dos días antes, acampaba, comía asado", pausa y dice: "Eso no existe en ninguna otra banda en Argentina ni en el mundo".

Emilio Muzevic, de 39 años y cantante de Suerte Vagabunda, lo vivió desde chico. "Recuerdo con tanta emoción verlo por primera vez. Las mariposas en el estómago. Cuando sonó el primer tema, la emoción recorría cada partícula de mi cuerpo", exterioriza. Para él, la misa ricotera tenía una sola palabra que la definía: mística. "A vivir que son dos días", cita, como si la frase del Indio fuera también una respuesta.

Lo que estos testimonios revelan no es nostalgia, sino algo más parecido a una transmisión. Cuando Suerte Vagabunda llena el Puerto Cultural con un público que mezcla veteranos que estuvieron bajo la nieve en Mendoza y jóvenes que descubrieron al Indio en Spotify, algo de aquel ritual original se reconstruye. "Ver gente joven que conoce algunos temas y va a ver qué onda, y después se topa con canciones que no conocía... eso también los invita a seguir investigando", dice Nacho

EL INDIO Y EL FÚTBOL. Una de las banderas que Emilio Muzevic lleva a la cancha de San Martín.

Tras su muerte, el legado del Indio Solari

Sergio no pudo llegar al velatorio. Vive en Chile y, aunque compró los pasajes para viajar, cuando llegó al aeropuerto el acto ya había terminado. Igual, no siente que le haya quedado algo pendiente. “Fui a todos los recitales que pude, lo conocí en persona y le entregué la camiseta de San Martín en sus manos”, dice. Hace una pausa y agrega: “Creo que, por suerte, no me quedó ningún sabor amargo”.

FANATISMO ADOLESCENTE. A la izquierda, Sergio y a la derecha Matías Arooyo, su fiel compañero de las ''misas''.

Ese encuentro ocurrió un día de elecciones, cuando el Indio fue a votar en Buenos Aires. Sergio se enteró por el cuñado del músico y fue hasta la escuela donde sufragaba. “Había un grupito de gente, no mucho, unas 20 personas”, recuerda. Ahí pudo abrazarlo y darle la camiseta. “Fue uno de los días más importantes de mi vida”, cuenta. Tiene un video de ese momento y lo guarda como un tesoro. “Es un recuerdo que me va a quedar para siempre”.

Para Micaela, la historiadora, lo que viene ahora es expansión. "Creo que a partir de ahora va a ser mucho más valorado", dice. Y agrega: "Sus letras siguen vigentes. ‘Violencia es mentir’ puede ser una frase que se escribió ayer".

Ana dice que el Indio la salvó y la sanó de muchas formas. No da más detalles. No hace falta. El Indio decía que donde hay dolor habrá canciones. Emilio lo cita: "La leyenda siempre estará presente porque vivir solo cuesta vida".