Pasillos infinitos, oficinas vacías, luces amarillas y la sensación incómoda de haberse perdido en un lugar que parece familiar. Los backrooms nacieron como una creepypasta de internet y con el tiempo se transformaron en uno de los universos de terror más populares entre los jóvenes en redes sociales, YouTube y videojuegos.

Ahora ese fenómeno llegó a Tucumán, pero con una vuelta inesperada: una parada de bondi, los juegos del Parque Avellaneda, la estatua del Cubanitero y otros íconos cotidianos de la provincia aparecieron dentro de esos espacios extraños gracias al trabajo del licenciado en Cinematografía Emanuel Figueroa.

El proyecto, realizado en Blender, mezcla nostalgia tucumana, diseño 3D y cultura de internet en imágenes que rápidamente empezaron a compartirse en redes. “Son cosas arraigadas a la identidad tucumana que cuando las sacás de donde pertenecen generan una cierta inquietud, pero también familiaridad”, explicó el creador.

¿Qué son los backrooms?

“Los backrooms son estos lugares vacíos con pasillos interminables en los que ocasionalmente aparecen elementos del mundo cotidiano”, explicó Figueroa a LA GACETA. “También están asociados a una sensación rara de nostalgia o de haber estado ahí antes. Entonces pensé: ¿qué cosas representan Tucumán para nosotros?”.

El resultado mezcla familiaridad e inquietud. Y justamente esa combinación fue la que más resonó entre los usuarios. “Me gustó ver que la gente reaccionó con cariño hacia esos elementos. Muchos comentaban recuerdos o experiencias relacionadas con esos lugares”, contó.

ESCULTURAS TUCUMANAS. Un joven tucumano mezcló cultura de internet, nostalgia y diseño 3D en una serie que explotó en redes. / INSTAGRAM @emavfx__

Detrás de escena: Blender y Youtube

Detrás de cada escena hubo horas de trabajo digital. Emanuel armó cada composición en Blender, acomodó los objetos para generar extrañeza visual y trabajó la iluminación para que cada elemento pudiera reconocerse de inmediato. También utilizó técnicas de fotogrametría, composición y colorización para darle realismo a los escenarios.

El proyecto aparece además en un momento donde los “backrooms” volvieron al centro de la cultura pop. Lo que empezó como una creepypasta en foros de internet terminó convirtiéndose en una película de Hollywood producida por A24 y dirigida por Kane Parsons, un joven de apenas 20 años que comenzó haciendo videos en YouTube con Blender desde adolescente.

La estética de los backrooms conecta especialmente con las generaciones que crecieron entre videojuegos, videos de terror en internet y espacios urbanos cada vez más impersonales. En Tucumán, Emanuel encontró una vuelta local a esa idea: tomar recuerdos colectivos y ponerlos en un lugar donde parecen pertenecer… y al mismo tiempo no.