La figura de Lola Mora permea distintas experiencias. Bautizada Dolores Candelaria Mora Vega, la tranqueña nacida el 17 de noviembre de 1866 (declarado en 1998 Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas en su honor), moría hace hoy 90 años en Buenos Aires. Su nombre trasciende el tiempo vinculado a la escultura, pero incursionó también en el urbanismo, la minería, el cine proyectado en una pantalla de vapor, el diseño de subterráneos y la geología, al punto de investigar en Salta la extracción de combustibles de los esquistos bituminosos (base de los yacimientos de Vaca Muerta).
En su intensa vida rompió los estereotipos de género de su época desde la firme defensa de sus decisiones, que desafió la censura y las limitaciones que se le intentaron imponer (los derroteros de La Fuente de las Nereidas -atacada por sus desnudos- o de la estatuas que galardonaban el acceso al Congreso de la Nación -retiradas de ese lugar y “exiliadas” a Jujuy, donde se inaugurará un museo con su nombre- dan cuenta de una persecución).
La contundencia de su pensamiento se puede resumir en una carta de su autoría: “El arte es la respuesta del hombre a la naturaleza y su superación; pero hay una educación estética como hay una educación moral y otra religiosa. Los seres humanos no alcanzan ninguna de esas formas de educación sino con una sensibilidad fina y una atención disciplina. Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu”.
Su rechazo a las convenciones de su época oficia de inspiración a las reivindicaciones femeninas -hay una organización tucumana de artistas que lleva su nombre-, a la elaboración de libros y a la experimentación escénica.
Buscar la belleza
“Además, está lo del oro”, precisamente, es la obra sobre la artista que Nicolás Aráoz dirigió el año pasado junto a Daniela Flores Blasco, con las actuaciones de Susana Santos, Kika Valero y Emilia Guerra, en la adaptación de un texto de Alfredo Fénik.
“Desde hace más de 20 años quería trabajar un texto sobre Lola Mora. Había leído ‘La espalda de la Libertad’, de Eduardo Rosenzvaig, y la biografía de Carlos Páez de la Torre sobre ella, pero por alguna razón o por otro espectáculo que se puso delante, no avancé. Me interesaba mucho su personalidad, entender cómo siendo mujer había podido ocupar el lugar que ocupó con todas las dificultades del caso”, señaló Aráoz.
La obra discurre en tiempos de la decadencia física de la artista, ya alejada de los estudios y entregada a la custodia y ayuda de sus sobrinas. “Nos pareció interesante tratar el tema de las personas grandes, del deterioro cognitivo en la ancianidad. Algunos datos hacen pensar que habría sufrido una especie de demencia senil o Alzheimer, pero no existe un diagnóstico determinante. Y relacionarlo con su interés en la búsqueda de metales preciosos. El título es una metáfora sobre la búsqueda de la belleza, que es lo que está en su obra y lo que pretenden los artistas”, finalizó.