Existe un lugar del mundo en que el cielo se abre hacia el infinito y levantar la mirada es un atajo directo al espacio exterior. El ambiente además tiene condiciones extraterrestres: un entorno hostil donde la nada es presencia y los ojos no conocen si están abiertos o cerrados entre semejante oscuridad. El desierto de Atacama en Chile se caracterizó por siglos por ser una abertura al conocimiento del cosmos y a ser asimismo un rincón alienígena en la Tierra. Pero ahora un peligro acecha al lugar más oscuro del planeta: la luz inminente.
Inundaciones, contaminación y calor extremo: los desafíos de las primeras ingenieras ambientales de Tucumán y el NOA"Hay muy pocos lugares en la Tierra con estas condiciones", afirmó Itziar de Gregorio-Monsalvo, astrofísica sénior del Observatorio Europeo Austral en Chile al medio BBC News. El Desierto de Atacama es un refugio para los amantes del firmamento y los astrónomos se apiñan en esta remota zona para acercarse a las estrellas brillantes inundados por la negrura de la penumbra. Pero algo está cambiando. Las titilantes luminarias se apagan y la noche ya no es tan espesa. La oscuridad está viciada por un tenue halo incómodo que avanza sin permiso.
Una niebla luminosa que avanza sin invitación
La luz artificial de las ciudades industriales, los complejos fabriles y las explotaciones mineras pasa sin invitación. De repente los astrónomos hacen el esfuerzo desesperado por taparse de esa niebla luminosa pero los intentos son infructuosos. A menos que esta configuración edilicia cambie, uno de los últimos lugares de la Tierra libres de la contaminación lumínica humana pronto podría volverse demasiado brillante para nuevos descubrimientos. Como advirtieron desde la BBC: “Lo que está en juego es nuestra comprensión del Universo mismo”.
En esta árida región se encuentran las tecnologías más sofisticadas para la observación del espacio de todo nuestro planeta. Paranal es una base astronómica operada por el Observatorio Europeo Austral (ESO), que alberga algunos de los telescopios terrestres más avanzados del mundo. Con cielos despejados y poca contaminación lumínica, su ubicación en el desierto de Atacama, escasamente poblado, ofrece el entorno perfecto para la astronomía profesional.
La crisis global del brillo nocturno
La problemática que hoy asedia a este rincón chileno no es un hecho aislado, sino el reflejo de una crisis global. Según estudios recientes recopilados por la BBC, cerca del 80% de la población mundial ya vive bajo cielos contaminados por la luz artificial. Entre 2011 y 2022, el brillo del firmamento nocturno a nivel planetario aumentó casi un 10% anual. Traducido a la experiencia humana, esto significa que si una persona podía contemplar unas 250 estrellas al inicio de ese período, hoy apenas logra divisar un centenar en el mismo lugar. Esta pérdida no solo afecta a la salud mental y altera los ecosistemas locales al confundir los ciclos naturales de animales y plantas, sino que pone en jaque la última frontera de la investigación astronómica.
Ya en la década de 1970, los científicos advirtieron que un incremento del 10% en el resplandor del cielo nocturno degradaría gravemente las observaciones. Para el año 2022, dos tercios de los telescopios más importantes del planeta ya habían cruzado ese umbral crítico. El desierto de Atacama se mantenía como uno de los poquísimos santuarios resguardados por debajo de ese límite, funcionando como el último "canario en la mina" de la ciencia mundial.
La resistencia de Paranal ante el avance industrial
En este oasis de negrura, el observatorio Paranal resguarda instrumentos científicos emblemáticos como el Very Large Telescope (VLT) y el futuro Extremely Large Telescope (ELT), cuya colosal estructura con un espejo de 39 metros de ancho tiene prevista su finalización para 2027. En este complejo, la oscuridad se defiende como un tesoro: existen persianas obligatorias, carteles con el lema "La oscuridad es belleza" y los vehículos transitan sin luces principales tras el anochecer. Sin embargo, las grandes distancias geográficas que antes funcionaban como la mejor barrera de protección frente a la actividad humana están perdiendo efectividad.
La expansión urbana de Antofagasta, las constelaciones de satélites que cruzan el firmamento y, sobre todo, la aproximación de la explotación minera e industrial representan una amenaza sin precedentes. Recientemente, las alarmas se encendieron ante el megaproyecto energético "Inna", cuya instalación proyectada a pocos kilómetros de Paranal amenaba con incrementar la contaminación lumínica sobre los telescopios en un alarmante 50%. Aunque a comienzos de 2026 la empresa operadora decidió no avanzar con la obra argumentando otras prioridades comerciales, la comunidad científica advierte que la tregua podría ser temporal si no cambian las regulaciones de fondo.