Googlear” es un verbo que remite a la búsqueda de información, a su contrastación o verificación. Utilizamos esta expresión hace tantos años que tenemos naturalizado su significado y casi perdimos el origen del mismo. Es una analogía de buscar o de investigar. Pero “googlear” no significa resolver: es simplemente comenzar la exploración ante una necesidad del saber y luego trabajar para intentar construir un grado de conocimiento basado en lo que otros ya construyeron. Es decir, es un primer paso porque “googlear” no es sinónimo de verdad. Sin embargo, algo está por cambiar y quizás estemos a punto de perder la última plataforma que nos conectaba con la web abierta y confiable.

Hace unos días, Google anunció una serie de cambios en varias de sus plataformas. Entre tantos adelantos de lo que podría ser una nueva era de la inteligencia artificial, los ingenieros a cargo del buscador adelantaron que en los próximos meses desplegarán las modificaciones más radicales que tuvo este producto estrella.

Google hoy es mucho más que un buscador. Es una empresa de servicios en la nube, de correos electrónicos, reproductor de videos, sistemas operativos, hasta cuenta con taxis que se manejan solos por distintas ciudades de Estados Unidos. Pero la idea original de los fundadores de la empresa, Larry Page y Sergey Brin, fue construir una plataforma capaz de “organizar la información del mundo para hacerla accesible y útil para todos los usuarios”. En poco tiempo, lo lograron, y montaron un algoritmo que le otorgaba puntajes de prestigio a los sitios web y con eso los hacían más visibles para los usuarios. Organizaron el caos que era internet hacia fines de los noventa. Para ello, utilizaron un sistema similar al que utilizan los artículos científicos: cuanto más citados son, más relevantes se convierten.

Desde entonces, perfeccionaron su sistema y no hubo en más de 25 años alguna plataforma capaz de competirles en este servicio. Pero la locura desatada a partir de 2022, con ChatGPT y la inteligencia artificial generativa, hizo que todas las compañías digitales repensaran sus productos y objetivos comerciales ante una nueva demanda masiva que había creado un bot que respondía cualquier tipo de pregunta, casi como sentencia verdadera.

Google y la carrera por la inteligencia artificial

Google se subió a esta carrera y en poco tiempo lanzó Bard para competir a OpenAI y luego lo reconvirtió a Gemini. Sin embargo, este bot era un producto más en el infinito catálogo que tenía Google, pero a casi cuatro años de este pivote en la historia de la computación, la compañía señaló que integrará Gemini en todos sus productos, principalmente en su buscador. Es decir, los resultados de búsqueda ya no serán como antes, habrá mayor injerencia de la inteligencia artificial y mayor personalización a partir de los datos del usuario.

Si bien hace años que los usuarios tenemos distintos resultados de búsqueda a partir de una misma necesidad, Google mantenía el criterio de relevancia entre las páginas web y lo que hacía era filtrar a partir de búsquedas anteriores o de la ubicación del usuario. Ahora, con la ayuda de la IA, la personalización será todo. Pero además, la propia IA elaborará respuestas a medida del usuario y empujará los enlaces de páginas mucho más abajo en los resultados. De hecho ya lo está haciendo con sus AI Overviews y el Modo IA. Lo que se viene es una mayor presencia de texto, video e imágenes desarrolladas por modelos que construyen algo nuevo para cada usuario. La lista de enlaces azules quedará más abajo en la pantalla.

La nueva interfaz de las búsquedas de Google no será menor. “Googlear” ahora será responder, resolver, ya no será comenzar una búsqueda en el que el criterio humano tenía que discernir entre resultados que la empresa consideraba relevantes. Sí, todavía quedará disponible la lista de enlaces, pero habrá major relevancia a las respuestas de IA que entregarán una verdad cocinada y eso puede ser un verdadero problema.

Las redes sociales dejaron de ser un lugar de conexión para convertirse en pantallas de distribución de contenido del que sospechamos cada vez más. Discernir en ellas qué es verdad y qué es falso es como remar a contracorriente. Y algo similar ocurrió en poco tiempo con los resultados de los bots de IA. ChatGPT tiene tantas verdades como tantas fuentes consulta, a pesar de la mejora que tuvo en los últimos años. Por eso, hasta ahora, “googlear” podía ser una alternativa para chequear la información que veíamos en otras plataformas. Allí podíamos consultar sitios gubernamentales, sitios de noticias, instituciones, universidades.

Por eso, un posible cambio radical de los resultados de Google pueden acabar con el último bastión de consulta que teníamos. Pero además, acabaría también con un ejercicio de exploración ante la diversidad de resultados que ofrece su algoritmo. Allí está, por ahora, su riqueza. La IA puede mejorar la capacidad de la plataforma, pero también puede reducir el espectro de posibilidades que tienen los usuarios y que hizo que Google fuese no una fuente, sino una herramienta de conexión con el conocimiento. Transformarse en una fuente puede ser un error, al menos, para los que todavía queremos elegir y discernir a la hora de conocer.