Un hueco masivo yace en las profundidades de los océanos filipinos, el signo manifiesto de la Caldera de Apolaki, una colosal fosa volcánica que fue hallada tras una serie de investigaciones en la meseta submarina al este de la Isla Luzón en el Mar de las Filipinas. Surgida del colapso de un megavolcán, esta abertura fue definida como la más grande del mundo, con 150 kilómetros de diámetro y que se ofrece como una puerta a los enigmas más remotos de la Tierra.

Tras una serie de estudios publicados entre 2019 y 2026 liderados por la geofísica marina Jenny Anne Baretto, la comunidad científica pudo descubrir al megavolcán y a la caldera más imponente de todo el planeta, superando a las depresiones gigantes ya conocidas como Yellowstone en Estados Unidos o Toba en Indonesia. La escala de Apolaki la sitúa en una categoría sin precedentes, estableciéndose en un objeto de estudio prioritario para comprender los mecanismos de formación y evolución de las grandes calderas volcánicas marinas.

Un hallazgo sin precedentes en el Pacífico

Barretto sostuvo que "el descubrimiento de Apolaki ofrece una ventana única para estudiar la historia geológica del océano Pacífico occidental". La especialista explicó que la morfología y el contexto tectónico de la caldera pueden aportar datos clave sobre la dinámica de placas y los procesos magmáticos de la región.

Ubicada en la elevación de Benham Rise, una meseta submarina de 13 millones de hectáreas recientemente renombrada Philippine Rise por el gobierno filipino, Apolaki es una gran depresión cratérica que resultó del hundimiento de un volcán debido al vaciado de su cámara magmática tras erupciones o a la retirada del magma. El nombre elegido por Barretto se traduce literalmente como "señor gigante" en filipino. La estructura es tan grande que no existe ningún ejemplar comparable en la Tierra; durante el proceso de evaluación, los científicos tuvieron que recurrir a comparaciones con calderas de Venus y Marte.

Dimensiones monumentales bajo el mar

Las dimensiones y la ubicación de este gigante submarino desafían cualquier registro previo: su base se encuentra sumergida a unos imponentes 5.200 metros bajo el nivel del mar, y su estructura interna incluye una cresta con escarpes verticales que alcanzan hasta los 300 metros de altura. Estas monumentales paredes sugieren que la zona sufrió múltiples colapsos sucesivos y episodios de una violencia ígnea extrema. Además, descansa sobre una gigantesca capa de rocas volcánicas de 14 kilómetros de espesor, lo que refuerza la hipótesis de que la región albergó una actividad magmática sostenida durante millones de años.

Los análisis geoquímicos y de datación isotópica realizados a las muestras de roca revelan que esta estructura posee una antigüedad estimada de entre 47,9 y 26 millones de años. Semejante magnitud ha obligado a revisar los mapas geológicos globales y ha captado la atención de los máximos organismos internacionales. Instituciones de la talla de la Sociedad Geológica de Filipinas y la Unión Internacional de Ciencias Geológicas han validado el hallazgo, subrayando la urgencia de continuar las investigaciones en la zona. Aunque actualmente Apolaki no registra indicios de actividad eruptiva reciente, los científicos advierten que su descomunal complejidad justifica un monitoreo constante para desentrañar los riesgos geológicos y los secretos que aún duermen en el margen oriental de Filipinas.