Ya pasaron días de la goleada sobre Talleres, pero cada gol todavía sigue fresco en la memoria del hincha de Atlético Tucumán. Porque Rosario fue una fiesta, porque el “Decano” volvió a gustar después de muchísimo tiempo, pero también por otra razón quizás aún más importante: la sensación de que el equipo, luego de un año muy complicado desde los resultados, parece haber encontrado el nivel futbolístico que los fanáticos pretendían y que, a partir de allí, empieza a construirse una esperanza concreta para la segunda parte del año.
Detrás de toda evolución siempre hay causas. El principal responsable de esta levantada es Julio César Falcioni, quien, con el pasar de los partidos, fue encontrando un equipo cada vez más semejante a lo que esperaba. La mejoría comenzó a vislumbrarse con Banfield en el José Fierro, continuó con el triunfo histórico sobre River y terminó de consolidarse frente a Talleres en Rosario. Aquí, algunos de los motivos principales que explican la levantada de Atlético en este cierre del semestre:
1. La consolidación del sistema de juego. El “Emperador” asumió convencido de que tenía que jugar con un esquema en particular: el 4-1-4-1. Pese a la insistencia del ambiente por poner dos delanteros, apostó a mejorar el equipo, principalmente, desde la mitad de la cancha. Con el tiempo encontró los intérpretes ideales. En su rendimiento se explica gran parte de las últimas victorias. El medio fue un cerrojo para cortar caminos y salir de contragolpe contra River, y también la llave para llegar múltiples veces al arco rival contra Talleres. Al buen trabajo en la mitad de la cancha le agregó solidez defensiva (recibió un solo gol en estos tres partidos analizados) y volumen de juego en los últimos metros. Un sistema que terminó de consolidarse y que insinúa haber llegado para quedarse de cara al segundo semestre.
2. La aparición de los más jóvenes. Al hablar de nombres propios, dos de los puntos más altos en estos últimos encuentros son jugadores de corta edad dentro del plantel. Lautaro Godoy y Leonel Vega se ganaron su lugar en el “11” titular sobre el cierre del torneo e hicieron todos los méritos posibles para no salir nunca más.
Vega fue una aparición ideal para un equipo al que le urgía un “5” ordenado y con mucha recuperación (Kevin Ortiz y Javier Domínguez nunca terminaron por convencer al DT en esa función); mientras que Godoy se convirtió, casi de forma silenciosa, en la bandera futbolística de este plantel. Las acciones de gol y el armado de juego ya no dependen exclusivamente de las invenciones de Nicolás Laméndola por izquierda; ahora también apareció un socio capaz de pedir la pelota, gambetear, asistir y disparar de media distancia, pero en una zona más neurálgica del campo. Además, es clave también en la recuperación y en el despliegue físico.
El tercer joven que se erige para ganarse un lugar en esta lista es Luciano Vallejo, quien, tras un primer tramo del Apertura algo irregular jugando de “3” (fuera de su puesto habitual), encontró con Falcioni minutos y confianza como zaguero izquierdo. Cumplió contra River y también ayudó a su equipo a sostener la valla invicta contra el conjunto cordobés.
3. La mejoría ofensiva. Es, tal vez, el aspecto de mejora más visible de todos. Porque el equipo de Falcioni ya había dado alguna señal de evolución en el retroceso y el orden detrás de la mitad de cancha. Sin embargo, al “Decano” le costaba crear juego y no llegaba lo suficiente al arco rival como para concretar más goles. Con Banfield hizo un primer tiempo en el que tuvo tres chances claras de gol, contra River hizo el daño necesario para ganarlo y contra Talleres terminó de florearse: podría haber hecho hasta cinco o seis goles. En ese sentido, el aporte de Franco Nicola y Renzo Tesuri también fue clave. La diferencia en estos últimos dos partidos pareció ser, entonces, la efectividad para definir.
4. La fortuna necesaria. No se debe confundir: Atlético no mejoró porque tuvo más suerte. Pero se sabe que en el fútbol, como en la vida, siempre se depende de cierta cuota del azar para que los éxitos lleguen. El “Decano” hizo méritos para llevarse varios puntos más de los que sacó en este Apertura (en los empates contra Huracán, Central Córdoba, Banfield y Aldosivi, o en la derrota con Rosario Central, por ejemplo).
Pero Atlético pecaba de inocente en los últimos metros, a veces por falta de fortuna y otras por carencia de definición. En los últimos dos duelos (salvo la mala racha de Leandro Díaz contra el arco rival), el equipo pareció destaparse.
5. El ánimo cambió. Y eso se notó desde el primer minuto en el duelo con Talleres. Se perdió la timidez, se perdió esa llamada de alguna manera “aura perdedora”. Algo dentro del clima interno del plantel cambió, el grupo parece estar más unido que nunca y ese convencimiento repercute directamente en el campo de juego. Atlético necesitaba volver a ser un equipo aguerrido y fuerte mentalmente. Sobre este cierre del semestre, lo consiguió.
Así, Falcioni tomó nota en su lista de tareas con varios “checks” anotados. Cumplió con las deudas futbolísticas, encontró las respuestas que buscaba y ahora tiene un merecido descanso para enfriar la cabeza y volver a planificar. Por ahora, lo cierto es que ya hay una base concreta desde la cual construir; y en un equipo que supo estar en crisis total hace apenas unas semanas, no es una noticia para nada menor.