En el Gran Tucumán, los “ocupados demandantes de empleo” ya representan el 28,6% de los trabajadores. Son personas que tienen trabajo, pero buscan otro ingreso para sostenerse. En total, unas 131.000 personas intentan sumar una segunda fuente de dinero en una provincia donde la desocupación se mantiene relativamente baja -5,6% en el cuarto trimestre de 2025-, pero donde tener empleo dejó de ser garantía de llegar a fin de mes. 

El fenómeno no es exclusivamente local. En toda la Argentina, el pluriempleo alcanzó uno de sus niveles más altos de la última década y ya involucra a 1,6 millones de personas. Durante el cuarto trimestre de 2025, el 12,2% de los ocupados tuvo más de un empleo, un salto significativo frente al 8,8% registrado en 2016. La tendencia se aceleró especialmente después de 2022 y, aunque la pandemia provocó una caída transitoria en 2020, la recuperación posterior llevó el indicador a niveles récord.

Detrás de ese crecimiento aparece una transformación silenciosa del mercado laboral: cada vez más personas necesitan combinar trabajos para sostener sus ingresos o mantener su nivel de vida. El pluriempleo dejó de ser una situación excepcional para convertirse en una estrategia extendida entre trabajadores de perfiles muy distintos.

Las mujeres son quienes más recurren a esta lógica. Representan el 56,6% de quienes tienen más de un empleo y, además, muestran una tasa de pluriempleo considerablemente más alta que los varones: el 15,5% de las mujeres ocupadas combina trabajos, frente al 9,5% de los hombres. La diferencia está vinculada, en parte, a sectores altamente feminizados y fragmentados, como el trabajo en casas particulares, donde predominan jornadas reducidas, ingresos bajos y múltiples empleadores.

El fenómeno también tiene una fuerte marca generacional. Más del 85% de quienes tienen más de un empleo tiene entre 30 y 65 años. A diferencia del desempleo, que suele impactar más sobre los jóvenes, el pluriempleo se concentra en edades centrales, justamente las etapas de mayor responsabilidad económica y familiar. Entre los trabajadores de 45 a 65 años, la tasa alcanza el 14,6%; entre los de 30 a 44 años, el 13,4%. En cambio, entre los jóvenes de 14 a 29 años baja al 7,3%.

En la mayoría de los casos, el esquema es relativamente simple: dos trabajos. El 83% de los pluriempleados tiene exactamente dos empleos, mientras que un 10,5% llega a tres. Los casos extremos -personas con cuatro o más trabajos- son minoritarios, aunque reflejan situaciones límite de fragmentación laboral.

Las ocupaciones también muestran una realidad heterogénea. El trabajo en casas particulares es la actividad individual más frecuente entre quienes tienen más de un empleo y concentra el 13% del total. Sin embargo, el pluriempleo atraviesa sectores muy diversos. Las tareas administrativas y contables reúnen el 18,6%; las ventas y el comercio, el 9,6%; y las profesiones vinculadas a salud, educación y trabajo social, el 10,2%. Es decir: no se trata solamente de empleos precarios o informales. También alcanza a trabajadores calificados que intensifican sus jornadas para ampliar ingresos.

Los ingresos de quienes tienen más de un empleo son más altos que los de quienes dependen de uno solo, aunque la diferencia tiene una explicación evidente: trabajan más horas o acumulan más fuentes de ingreso. El promedio mensual de los pluriempleados alcanza los $656.372, frente a los $580.232 de quienes tienen un solo trabajo. Pero el dato no necesariamente refleja mejores condiciones laborales, sino una mayor carga de trabajo.

La estructura familiar también ayuda a entender el fenómeno. El 63% de quienes tienen más de un empleo son jefes o jefas de hogar. El pluriempleo aparece así menos como un ingreso complementario y más como una estrategia central para sostener la economía doméstica. Otro 23,4% corresponde a parejas o cónyuges, lo que muestra que, en muchos hogares, la multiplicación de trabajos se convirtió en una lógica compartida.

La dimensión territorial refuerza la tendencia. Más de la mitad del pluriempleo argentino se concentra en el Gran Buenos Aires (54,8%), seguido por la región Pampeana (23,5%). El Noroeste, donde se ubica Tucumán, concentra el 9,9% del total nacional.

En conjunto, los datos muestran un escenario paradójico: el empleo existe, pero muchas veces no alcanza. Y mientras la desocupación se mantiene relativamente contenida, crece otra señal del deterioro laboral: la necesidad de trabajar más de un turno, más de un empleo o más de una jornada para sostener ingresos que antes podían garantizarse con un solo trabajo.