Pedalear furiosamente, de manera sostenida, durante 10 minutos o más trae beneficios cruciales para la salud. Según las investigaciones, ese corto pedaleo mostró mejoras transitorias en la fluidez verbal y la memoria. Los resultados se aplican sí, al ejercicio aeróbico general, pero el ciclismo posee un par de ventajas comparado a otras prácticas.
Las sesiones de la actividad física deben ser relativamente cortas, con intensidades moderadas y un gesto muy concreto. Todo eso, reúne el ciclismo comparado, por ejemplo, a una sesión de estiramientos. Y no hace falta una salida épica de cinco horas para provocar estos efectos. Basta con una activación sostenida.
Población específica
Para estudiar cómo afecta a los jóvenes que beben alcohol en exceso, la Universidad Autónoma de Madrid ha realizado un estudio en jóvenes entre 18 y 25 años.
Según esa investigación, publicada en la revista Pharmacology, Biochemistry and Behavior, 12 minutos de ejercicio producen efectos diferenciados en el cerebro y la cognición de jóvenes con consumo de alcohol de riesgo.
Según los resultados de la Universidad Autónoma de Madrid, los jóvenes con un consumo problemático de alcohol presentan mayor impulsividad (más dificultades para inhibir respuestas o tomar decisiones controladas) y problemas en la regulación emocional, especialmente en las mujeres.
Uno de los detalles más interesantes es que la intensidad importa. Cuanto mayor es la frecuencia cardiaca durante el ejercicio, mayor es el efecto posterior en la mejora de estas señales cerebrales.
Esto encaja perfectamente con lo que sucede en el ciclismo real. No es lo mismo rodar suave que hacer una salida con cambios de ritmo o una subida exigente. El estímulo fisiológico también se traduce en un estímulo cerebral. Probablemente esto explica por qué muchos ciclistas utilizan la bici como herramienta para pensar, tomar decisiones o incluso despejarse en momentos de estrés.
En programa
Los datos establecen que una práctica como la que sugieren los autores del estudio tiene la seriedad suficiente para considerarla como un tratamiento médico. Según los investigadores, “estas intervenciones podrían utilizarse como herramientas accesibles para mejorar la salud mental y reducir conductas de riesgo como el consumo de alcohol. Por ejemplo, el ejercicio intenso podría emplearse para optimizar el rendimiento cognitivo en momentos puntuales, mientras que los estiramientos podrían ser útiles para favorecer la relajación y disminuir la ansiedad”.
El resultado clave es que el ejercicio provoca un aumento de unas señales neuronales conocidas como “ripples” en el hipocampo, una región directamente implicada en la memoria y el aprendizaje. Estas señales están asociadas a cómo el cerebro organiza y consolida la información.