El Federal A suele ser un territorio hostil para los recién llegados. Los equipos que ascienden normalmente necesitan tiempo para adaptarse a una categoría áspera, extensa y marcada por viajes interminables, canchas difíciles y planteles experimentados. Pero Tucumán Central decidió romper rápidamente con esa lógica.

El conjunto tucumano no sólo consiguió competir desde el inicio: se transformó en el mejor de los cuatro ascendidos y en una de las revelaciones del campeonato. Orden táctico, intensidad física y una identidad colectiva bien marcada explican gran parte de una campaña que despertó ilusión en la provincia. Aunque todavía existe una cuenta pendiente: ganar fuera de casa.

En ese contexto, hay un nombre que empieza a ganar protagonismo propio: Benjamín Ruiz Rodríguez. El delantero de 24 años atraviesa el mejor momento de su carrera y representa como pocos la esencia del futbolista del interior que se abre camino a fuerza de sacrificio silencioso.

Nacido y criado en el barrio Alberdi de Monteros, hoy vive en San Miguel de Tucumán junto a su pareja, Milagros, y su perro Apolo, mientras persigue el sueño de consolidarse definitivamente en el fútbol argentino.

Hoy, Tucumán Central afrontará otra prueba exigente frente a Sarmiento de Resistencia. El rival llega golpeado por un inicio irregular, aunque con el peso de haber peleado arriba en las últimas temporadas.

“Creo que va a ser un partido muy duro, una batalla táctica y física desde el minuto uno”, analiza el delantero.

“Tanto ellos como nosotros necesitamos ganar. Ellos vienen golpeados porque todavía no pudieron sumar de a tres, pero tienen un gran plantel y muchísima jerarquía. Nosotros sabemos que tenemos una deuda como visitantes y queremos demostrar que no somos un equipo que solamente se hace fuerte de local”, agrega.

La confianza de Benjamín también nace del crecimiento futbolístico de Tucumán Central.

“Este equipo está para hacer historia. Sabemos todo lo que costó llegar hasta acá. El objetivo principal sigue siendo mantener la categoría y dejar al club bien parado a nivel nacional. Después veremos para qué estamos, pero este grupo tiene hambre y muchísimas ganas de seguir creciendo”, asegura.

Dentro de la cancha, Ruiz Rodríguez construyó un estilo ligado a la intensidad. No es un delantero estático ni un futbolista que espera dentro del área.

“La velocidad es mi principal virtud. Me gusta tirar diagonales constantemente para desgastar a los centrales y generar espacios para mis compañeros. También disfruto mucho presionar la salida rival; no me gusta dejar jugar cómodo al defensor. El gol es lo que me mantiene vivo”, explica.

Sus compañeros lo llaman “Oreja”, aunque en el barrio Alberdi todavía sobrevive un apodo mucho más representativo: “En el barrio los changos me dicen ‘Bestia’ desde hace años”, cuenta entre risas.

Pero si hay algo que sostiene emocionalmente a Benjamín es su familia. “Mi familia está formada por mi mamá, Silvina, y mi papá, Ariel. Ellos son los pilares de todo. Estuvieron siempre, cuando no había nada. Después estamos nosotros: Ramiro, Camila, Mariano y yo. Somos muy unidos y eso nos mantiene fuertes”, relata.

En Tucumán, el apellido Ruiz Rodríguez inevitablemente remite a Ramiro, figura de Atlético Tucumán. Sin embargo, Benjamín habla de su hermano desde la admiración.

“Con Ramiro tenemos una relación hermosa. Para mí es un ejemplo en la vida y en la profesión. Lo vi desde chico sacrificarse muchísimo para conseguir todo lo que logró. Nunca nadie le regaló nada”, dice.

La influencia de Ramiro aparece constantemente en su carrera. Los llamados después de cada partido y las correcciones técnicas forman parte de la rutina del delantero. “Es el primero en llamarme después de los partidos. Me corrige movimientos, me da consejos y también me ayuda muchísimo cuando las cosas no salen bien. Tenerlo cerca me sirve para mantener la humildad y seguir creciendo”, cuenta.

En familia.

Como sucede con tantos futbolistas del ascenso argentino, la vida de Benjamín también se construye lejos de las cámaras. Hace poco se instaló junto a Milagros y Apolo en San Miguel de Tucumán para empezar una nueva etapa personal.

“Estamos armando nuestro hogar y disfrutando mucho este momento. A veces voy caminando a entrenar para despejar la cabeza y activar las piernas”, relata.

A los 24 años, Benjamín Ruiz Rodríguez atraviesa un presente que mezcla madurez futbolística, estabilidad personal y hambre de crecimiento. Desde el barrio Alberdi de Monteros hasta las canchas exigentes del Federal A, el delantero empieza a construir su propio nombre dentro del fútbol argentino. (Producción periodística Carlos Oardi).