Ver jugar a Matías Smith es un pequeño viaje al pasado; a esa época en la que el talento era la prioridad número uno. Sus movimientos remiten a aquellos años cuando el 4-3-3 era una receta ineludible y los extremos, con sus gambetas tan rebeldes como majestuosas, maravillaban a las tribunas para ganar partidos. El actual atacante de Tucumán Central personifica esa esencia, y escucharlo hablar es confirmar que su fútbol nace de la resiliencia.
En diálogo con LA GACETA, el joven de 22 años recorrió su historia sin filtros: desde el mazazo de quedar libre en Atlético y el extraño pase frustrado a San Martín, hasta su consolidación como una de las cartas más peligrosas del “Rojo”.
Primer tropiezo
Sus comienzos fueron prometedores en las inferiores del “Decano”, hasta que chocó con esa pared de realidad que suele dejar a varios en el camino. Smith era un enganche habilidoso, pero la estructura formativa priorizó el centímetro y el kilo por sobre el potrero. “En octava me dejaron libre. En ese momento dejé un poco el fútbol; no del todo, pero no estaba entrenando en ningún lado”, relata.
Para un hincha, el rechazo duele el doble. “Fue un golpe duro porque soy de Atlético. Yo ya lo intuía; sabía que me iban a dejar libre por ser flaquito y peticito. Mis compañeros eran grandotes y me sentía en desventaja, pero yo no me sentía menos que nadie. Hoy se busca mucho el físico, pero después me tocaron técnicos que se fijaban en el juego”, confiesa sobre aquel primer quiebre.
Y la revancha no tardó. Ya alejado de la alta competencia, un vecino suyo, Víctor Concha, lo eligió para encabezar su proyecto en Talleres de Tafí Viejo. “Jugué dos años y medio ahí y debuté en Primera”, recuerda Smith sobre el inicio de su reconstrucción.
Gloria en Villa Alem
El extremo aprovechó su chance en el conjunto taficeño y saltó a Sportivo Guzmán en 2023, club en el que se consagró campeón de la Liga Tucumana. Allí compartió plantel con su hermano, Agustín Smith, y el destino los volvió a unir en Tucumán Central. “Ya era hora de jugar juntos. El 2025 fue extraordinario; armamos un grupo que quería ganar cosas. El primer objetivo era la Liga y el segundo ascender en el Regional. Hicimos las dos y soy feliz. Ascender al Federal A fue lo mejor que me pasó”, afirma con orgullo sobre la gesta del “Rojo”.
Sobre su estilo, Smith no da vueltas. Sabe que su mayor fortaleza está en ese preciso momento en el que encara a su rival con la pelota dominada. “Me describo por la gambeta y la velocidad. En el uno contra uno es donde más me destaco; me gusta ir a enfrentar a los defensores porque sé que le voy a ganar. El año pasado tenía más laburo defensivo, pero ahora ataco un poco más”, cuenta sobre su “nueva” función en el equipo de Walter Arrieta, en el que brilla como extremo derecho tras una temporada como carrilero por izquierda.
Presente nacional
Instalado en el Federal A, el extremo analiza la exigencia de la categoría. “Es un torneo difícil, con viajes largos y equipos muy buenos, pero daremos pelea hasta lo último. En lo personal me siento muy bien y me voy soltando cada vez más. El objetivo es mantener la categoría, pero también buscaremos clasificar”, explica sobre las metas de un equipo que hoy pelea por un lugar en los puestos de vanguardia del certamen.
Sin embargo, antes de este presente, Smith estuvo a un paso de cruzar de vereda y pegar el salto a la Primera Nacional para ponerse la camiseta de San Martín, en una transferencia que se evaporó de forma insólita. “Tuve la oportunidad de llegar antes de este torneo. Me llamaron, fui al club a firmar los papeles y vi el contrato. Firmé algo y no sé qué pasó después; nunca más tuve una charla con ellos. Me dolió, porque uno se ilusiona cuando te llama un grande, pero me dio más fuerza para pelearla este año”, revela sobre aquel pase frustrado.
Hoy, con una madurez notable para sus 22 años, Smith baja una persiana y abre otra.: “Mi cabeza está puesta acá, tratando de hacer las cosas de la mejor manera para que el día de mañana salga un club lindo. Si me toca irme, me iré, pero ahora disfruto este presente”, concluye el extremo.
Mientras los objetivos del “Rojo” se renuevan partido a partido, en el césped de Villa Alem hay una certeza que no admite discusiones. Cada vez que la pelota le llegue al pie a Smith cerca de la línea de cal, algo está por suceder: un quiebre de cintura, un primer paso explosivo para dejar “sentado” a su marca, un caño o un desborde a pura potencia. Mientras existan jugadores como él, la gambeta tucumana no dejará de sobrevivir; encontrará refugio en cada rincón de sus pies.