La empresa "Oceanwide Expeditions" reconoció que, tras registrarse la primera muerte por hantavirus a bordo, al menos 30 pasajeros abandonaron la embarcación en la isla de Santa Elena sin recibir ningún tipo de seguimiento sanitario. Esta admisión contradice la versión inicial de la firma, que aseguraba que solo el fallecido y su esposa habían desembarcado en la remota isla del Atlántico Sur.
El caso, que salió a la luz tras la muerte de un ciudadano holandés el pasado 11 de abril, escaló en gravedad. El cuerpo de la víctima fue bajado del barco recién el 24 de abril junto a su esposa, quien voló al día siguiente a Sudáfrica, donde también falleció por el virus.
Sin embargo, las cifras sobre el desembarco masivo no coinciden. Mientras la compañía afirma que fueron 29 los pasajeros que dejaron la nave, el Ministerio de Exteriores de los Países Bajos elevó la cifra a 40.
Los viajeros pertenecen a más de 12 nacionalidades distintas, lo que genera preocupación por una posible propagación internacional, pese a que los expertos consideran que el riesgo para la población general es bajo.