Nicolás Navarro era el amigo más cercano de Felipe Sosa. El hombre no sólo complicó procesalmente al principal acusado del crimen y a Justina Gordillo, sino que además reveló detalles sobre las actividades narco que desarrollaba “El Militar”.

Según el fiscal Pedro Gallo, Navarro recibió un llamado telefónico por parte de Sosa horas después de que se registrara el crimen de Érika Antonella Álvarez. El sospechoso se presentó minutos después en la casa del imputado. Allí, siempre de acuerdo con la teoría del caso, permaneció aproximadamente 20 minutos, colaborando presuntamente en el ocultamiento del cuerpo de la víctima y de otros rastros del hecho, con el objetivo de ayudar a eludir la investigación y sustraerse de la acción de la Justicia.

En una habitación

El procesado también declaró ante el representante del Ministerio Público. Su relato no sólo complicó al “Militar”, sino también a Gordillo. Dejó bien en claro que ambos sabían que el cuerpo de la víctima estaba escondido en una habitación de la vivienda de Yerba Buena.

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Navarro también relató que Sosa le entregó una piedra de cocaína y una caja en la que había escondido drogas sintéticas. Sobre su relación con el acusado del femicidio, señaló que sólo lo veía para consumir drogas que él le vendía. La Justicia le dictó la prisión preventiva a fines de febrero. Su defensor, Patricio Char, insiste en que se le otorgue el arresto domiciliario. El acusado padece diabetes y no puede recibir la atención adecuada en el penal de Benjamín Paz, lugar donde se encuentra alojado. Pese a que ya fue derivado al Centro de Salud en reiteradas oportunidades, en las últimas horas le volvieron a negar que fuera trasladado a un domicilio.