Ante una geografía montuna desafiante, un castillo de piedra emerge implacable. Su torre de 25 metros se eleva, haciéndole frente a las elevaciones de la montaña. Para el año 1903 esta fortaleza crecía en las inmensidades del bosque, y hoy es un refugio donde los visitantes pueden disfrutar de las comodidades de un enigmático y espectacular hotel.

"Donde nacen las nubes": el pueblo secreto de 20 casas suspendido en las praderas de altura

El Castillo de San Lorenzo es uno de los puntos más inquietantes y deslumbrantes de Salta. Emplazado en medio de la Quebrada de San Lorenzo, donde se guarda el corazón de la Selva Montana, se encuentra esta fortaleza única en el Noroeste Argentino. A lo lejos, y de camino al cerro, puede verse la torre de piedra que resalta entre el verde intenso de las yungas.

El sueño de un visionario italiano

Construido a fines del siglo XIX por Luigi Bartoletti, un armero italiano que se casó con una dama salteña heredera de estos terrenos, la casona guarda la historia dramática que se espera de este tipo de estructuras enigmáticas. Bartoletti, originario de la Toscana, no escatimó en detalles para traer un pedazo de su tierra al NOA: hizo viajar desde Florencia al arquitecto Castagno para diseñar una réplica exacta de un castello florentino.

La construcción fue una proeza de ingeniería para la época. Las piedras que hoy acarician los turistas fueron traídas a lomo de mula desde los ríos San Lorenzo y Castellanos, para luego ser canteadas a mano por el propio Bartoletti. Incluso, se utilizó dinamita para socavar el cerro y cemento, un material sumamente novedoso para principios del siglo XX, marcando un hito en la arquitectura regional.

Los secretos que se guardan entre muros y fusiles

El aura de misterio que rodea al edificio no es casualidad. Entre los habitantes de la zona circulan leyendas sobre tesoros ocultos y presencias fantasmales. Sin embargo, el secreto mejor guardado descansa en sus cimientos: allí, Don Luigi enterró una botella con los nombres de todos los integrantes de su familia, como un conjuro de protección para su linaje.

Otro detalle que estremece a los curiosos son sus rejas. Lejos de ser ornamentos comunes, fueron forjadas utilizando caños de fusiles Remington que se emplearon durante la Guerra de la Triple Alianza, otorgándole al hotel un carácter bélico y señorial al mismo tiempo.

De legado familiar a refugio turístico

La vida de Bartoletti fue tan ecléctica como su propiedad. Fue un próspero comerciante, dueño de armerías, ferreterías y hasta un conventillo donde solía perdonar la renta a los inmigrantes con dificultades. Su final, sin embargo, fue repentino: tras un viaje a Buenos Aires en 1953, una intoxicación alimentaria terminó con su vida a los 88 años, dejando el castillo en manos de su hijo Luis. Este lo alquiló en diversas oportunidades hasta que se convirtió, finalmente, en el hotel actual donde los viajeros pueden sumergirse en una experiencia donde el tiempo parece detenido.