Algunos proyectos pasan rápido. Otros siguen girando años después. “ON/OFF”, el corto animado del director argentino Nicolás Villarreal, entra en ese segundo grupo. Estrenado en 2020, volvió a circular con fuerza y mantiene un dato que lo distingue: es el cortometraje más premiado de la historia.
El reconocimiento llegó de la mano del Guinness World Records, tras superar los 1.125 premios en festivales de todo el mundo. Ninguna otra producción audiovisual había alcanzado ese número. El recorrido incluyó competencias en Europa, América Latina y Estados Unidos, donde el corto fue sumando galardones en distintos circuitos.
“ON/OFF” nació en Los Ángeles y fue producido por Red Clover Studios, el estudio liderado por Villarreal. Desde su lanzamiento, encontró un camino propio dentro del circuito de animación independiente, con presencia sostenida en festivales y selecciones oficiales.
Un mensaje que sigue vigente
Más allá de los premios, el corto conecta por lo que plantea. La historia gira en torno al vínculo entre tecnología, redes sociales y procesos creativos. La pregunta es directa: cuánto tiempo se pierde en distracciones y cuánto se invierte en lo que realmente importa.
El relato juega con esa tensión a través de figuras históricas. Personajes como Frida Kahlo, Leonardo da Vinci o Nikola Tesla aparecen en escenarios atravesados por la lógica actual de las pantallas. El contraste genera una idea clara: incluso las mentes más brillantes tendrían que lidiar con distracciones similares.
La estética acompaña ese enfoque. Hay imágenes surrealistas, cruces de épocas y situaciones que llevan la historia hacia un terreno más simbólico. El resultado es un corto breve, pero cargado de ideas que invitan a revisar hábitos cotidianos.
El recorrido de “ON/OFF” también incluyó su ingreso a la lista de producciones elegibles para los premios Oscar en la categoría de cortometraje animado. Un paso más dentro de una trayectoria que no dejó de crecer.
En un escenario donde el contenido circula rápido y se consume todavía más rápido, el caso de este corto argentino muestra otra lógica. Una obra que sigue encontrando público con el paso del tiempo y que vuelve a instalar una pregunta incómoda: cuánto de lo que hacemos suma y cuánto solo distrae.