En una jornada cargada de fútbol en Tucumán, Tarucas logró sostener su lugar. Mientras Atlético jugaba como local y San Martín salía a escena frente a Agropecuario en Carlos Casares, la franquicia del NOA disputó su partido ante Peñarol en La Caldera del Parque y reunió un buen marco de público en el Parque 9 de Julio.

No fue una multitud, pero sí una presencia constante y firme, que acompañó durante toda la tarde. El horario, más temprano de lo habitual, también ayudó a configurar un clima distinto: familias enteras recorriendo el parque, chicos con camisetas de clubes locales y grupos que eligieron el rugby como plan de domingo. En ese contexto, Tarucas volvió a mostrarse como una alternativa dentro de la agenda deportiva de la provincia.

El partido, más allá del resultado, estuvo atravesado por situaciones que trascendieron lo deportivo. Desde la previa hubo señales de que no sería una jornada más. Uno de los momentos más emotivos se vivió en la salida de los equipos, cuando los jugadores ingresaron al campo junto a la categoría M-16 de Universitario.

El gesto tuvo un motivo claro: acompañar a Genaro Soria, un joven jugador que atraviesa una lucha contra el cáncer. Sus compañeros organizaron una colecta para ayudarlo a afrontar el tratamiento y encontraron en el partido un espacio para visibilizar su situación. El aplauso que acompañó ese ingreso fue inmediato, espontáneo y reflejó una de las características más marcadas del rugby: el sentido de comunidad.

LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

En paralelo, la jornada también tuvo un condimento distinto con la presencia del streamer Augusto Alonso. El joven, que tiene síndrome de Down y se convirtió en un fenómeno viral en el último tiempo, fue el encargado de llevar la pelota para el kick off.

Su historia ya recorrió distintos escenarios. Participó de la “Velada del Año” en Sevilla, donde compartió momentos con figuras internacionales del streaming, y también cumplió el sueño de cantar junto a Sebastián Yatra en Madrid, ante miles de personas. Esta vez, su aparición en Tucumán generó una respuesta inmediata.

Durante el entretiempo, Alonso dio una vuelta por la cancha y rápidamente se transformó en el centro de atención. Decenas de chicos corrieron detrás suyo para sacarse fotos o simplemente saludarlo. La escena, por momentos, rompió con la lógica del partido y convirtió al campo de juego en un espacio de encuentro.

En lo estrictamente deportivo, el desarrollo tuvo momentos de intensidad y otros en los que el público intentó empujar al equipo. Hubo aplausos en distintas fases del juego, sobre todo cuando Tarucas buscó reaccionar en un partido que exigía desde lo anímico tanto como desde lo táctico.

Ese acompañamiento, aunque sin masividad, tuvo valor. Se dio en un contexto adverso, con competencia directa desde el fútbol y con un presente deportivo que no es el mejor para la franquicia. Aun así, el equipo encontró respaldo en las tribunas.

Tarucas sigue en construcción. No solo dentro de la cancha, donde busca recuperar su mejor versión en el Súper Rugby Américas, sino también fuera de ella, en la consolidación de un público propio. Lo que se vio en el Parque 9 de Julio fue parte de ese proceso.

No hubo una multitud, pero sí una señal. En un domingo con múltiples focos de atención, el rugby logró sostener su espacio y ofrecer algo más que un partido: una experiencia compartida entre familias, gestos solidarios y nuevas historias que empiezan a formar parte del paisaje deportivo tucumano.