El inicio de 2026 quedó marcado a fuego por el conflicto entre EEUU e Irán, y la volatilidad asociada. Por las particularidades de América latina (ubicación estratégica y baja dependencia de las importaciones de petróleo), las esquirlas fueron reducidas para los bonos de los países de la región. A pesar del incremento de las tasas libres de riesgo en el año (+12 puntos básicos en el caso de la de 10 años), los rendimientos de los bonos emergentes comprimieron. ¿Cómo fue posible? Gracias a la baja más pronunciada del riesgo país. Y ese comportamiento fue más claro en la región. Mientras que el EMBI promedio de los emergentes recortó 13 puntos en el año, el de las economías latinas se hundió 47 puntos básicos. Ecuador y Colombia lideraron las mejoras, con mermas de 88 y 50 puntos en sus respectivos EMBI, detalla GMA Capital.
En el caso de Argentina, también se verificó una mejora de la salud financiera: el riesgo país cayó 28 y el rendimiento a 10 años, 16 puntos. Pero en el mercado hay gusto a poco porque partimos desde umbrales relativamente altos para el estándar regional. El indicador de sobrecosto financiero de la Argentina de 532 puntos básicos contrasta con los 404 de Ecuador o los 261 de América latina. Según GMA, la sensación de que “podríamos haber performado mejor” está basada en la solidez de los fundamentos. Argentina no alteró su conducta fiscal (registró un resultado primario de 0,6% del PBI en el primer trimestre) y explotó la coyuntura de precios internacional por la vía comercial con un saldo en bienes de U$S 2.523 millones solo en marzo. Claro que todavía hay cuentas pendientes. Una de ellas es reanudar el proceso de desinflación, especialmente luego de que marzo registrara un 3,4% mensual duro de digerir. La otra tarea, que el mercado mira con atención, es la acumulación de reservas en un contexto en el que el Banco Central (BCRA) ya compró U$S 6.700 millones en cuatro meses, pero de elevados vencimientos. Pero estas cuestiones por sí solas no llegan a explicar por qué Argentina todavía no logra que su riesgo país baje o, lo que es lo mismo, que los inversores demanden mayor cantidad de bonos en dólares de largo plazo. El país cerró el primer trimestre con superávit primario de 0,6% del PBI y el BCRA acumuló compras por U$S 6.700 millones en cuatro meses. En el plano regional, los spreads comprimieron con fuerza. Sin embargo, el sobrecosto financiero argentino se mantiene en 557 puntos, más del doble que el promedio de América latina. Los fundamentos mejoran, pero para los inversores son, por ahora, condición necesaria. ¿Qué falta para cruzar al otro lado?, plantea GMA Capital.
Complejidad
Por un lado, la economía real agrega complejidad. Tras un máximo histórico en enero, la actividad retrocedió en febrero, con una caída de 2,1% interanual concentrada en los sectores más intensivos en empleo. La compra de reservas inyecta pesos que la demanda de dinero no absorbe, forzando una esterilización permanente con deuda. El canal crediticio empieza a ganar relevancia, pero las tasas siguen elevadas.
El riesgo país toca máximos en más de dos semanasPor el otro, está la previsibilidad del escenario hacia adelante. El Índice de Confianza del Consumidor cayó 10,1% interanual y el debate en torno a la Reforma Política agrega una capa de incertidumbre sobre el mapa electoral de 2027. Los inversores de largo plazo son sensibles a ese tipo de riesgo: prefieren ver de lejos los eventos binarios antes de rotar hacia activos de mayor duration.