En el Día Internacional del Libro, una historia tiene acento tucumano y nombre propio: Agustina Rivadeneira. Licenciada en Letras, recibida el año pasado, y referente de una creciente comunidad digital, la joven decidió transformar una crisis personal en un proyecto colectivo que hoy acerca la lectura desde el disfrute.
“En tercer año de la carrera tenía un bloqueo lector muy fuerte. Sentía que ya no leía por placer, sino por obligación”, recuerda la joven en diálogo con LA GACETA. Ese quiebre, lejos de alejarla de los libros, la llevó a repensar su vínculo con ellos. Durante la pandemia, volvió a leer “sus propios libros”, aquellos que no estaban en la currícula académica, y encontró una nueva manera de conectarse. “Quería compartir qué me pasaba con lo que leía, qué me generaba en el cuerpo”.
Así nació su perfil como influencer literaria (en el universo de Bookstagram y BookTok) y, con el tiempo, una comunidad que hoy trasciende lo virtual. “Mi idea no era dar datos técnicos que cualquiera puede buscar, sino contar desde la experiencia: por qué un libro me gustó, por qué no, por qué lo terminé en un día o lo abandoné”. La clave, asegura, fue la honestidad y la autenticidad.
De la pantalla al encuentro
El paso siguiente fue casi natural. Y fue crear un club de lectura en Tucumán. Un espacio que, según cuenta, responde a una demanda concreta. “Muchas chicas me decían que no encontraban un lugar así en la provincia. Se generó algo muy lindo, un ida y vuelta”.
El club funciona como punto de encuentro, pero también como refugio. No hay exigencias rígidas ni metas cuantificables. “No me interesa medir cuántos libros se leen. La lectura es un espacio de disfrute, un momento que uno se regala”, sostiene. Por eso, los tiempos son flexibles y la participación no depende de haber terminado el libro. Lo importante, dice, es “sentirse parte, encontrar una tribu”.
Qué leen los jóvenes
Desde su experiencia, hay tendencias claras entre los lectores jóvenes. “La fantasía y el romance son los géneros más elegidos, especialmente las comedias románticas”, cuenta. Pero también destaca el crecimiento del thriller (con autores argentinos emergentes) y el interés por la literatura oriental.
Lejos de la crítica que suele pesar sobre estos consumos, Rivadeneira propone otra mirada. “La literatura juvenil no es un punto de llegada, es un puente. Te permite descubrir qué te gusta y después enfrentarte a los clásicos con otras herramientas”. En su propio recorrido, ese camino la llevó a redescubrir obras como Frankenstein, hoy entre sus favoritas.
Leer(se) en comunidad
Para la joven tucumana, la lectura no es un acto solitario, sino una experiencia compartida. “Los libros crean comunidad. Te permiten encontrar personas con las que conectás desde un lugar muy profundo”, afirma. Esa dimensión colectiva es, para ella, uno de los grandes motores de su proyecto.
En su club, como en sus redes, conviven lectores habituales con otros que recién empiezan. “Hay gente que viene a descubrir la lectura y está perfecto. Cada uno tiene su ritmo, su momento”, explica. Y agrega una idea que resume su filosofía. “Ante todo somos personas que sienten. Si un día no tenés ganas de leer, está bien”.