En el hockey existe un aspecto que no siempre puede enseñarse: el timing. Saber cuándo acelerar, cuándo descargar la bocha, cuándo sostener una presión o cuándo bajar una revolución para que el equipo vuelva a ordenarse. Ese pulso fino, que suele separar a los buenos jugadores de quienes realmente comprenden el juego, empieza a verse en Luca Dulor, campeón panamericano junior con Los Leoncitos y una de las apariciones más firmes del semillero nacional. El tucumano, formado en San Martín y con experiencia reciente en el Mundial Sub-20 de India, llegó al torneo con algo más que entusiasmo. Llegó con lectura de juego, con rodaje internacional y con la tranquilidad que da haber transitado escenarios de máxima exigencia.
La albiceleste disputó el campeonato con rasgos claros de equipo serio: presión coordinada, salidas limpias, posesiones largas cuando el partido lo pedía y agresividad ofensiva en los momentos indicados. Dentro de ese funcionamiento, Dulor encajó como una pieza natural.
“Durante el torneo teníamos muy claros nuestros objetivos. El principal era conseguir la clasificación al Mundial, y sabíamos que llegando a la final lo íbamos a lograr. Después, el siguiente paso era dejar a Argentina en lo más alto y ganar el torneo. Cuando terminó el partido sentimos una felicidad enorme, porque habíamos cumplido con todo lo que nos propusimos desde el inicio”, explicó Dulor en diálogo con LA GACETA, con una claridad que refleja cómo se vivió internamente la competencia.
El hockey actual, sobre todo en seleccionados juveniles, dejó atrás hace tiempo la improvisación. Exige preparación física, sistemas definidos, análisis de rivales y una disciplina cotidiana que muchas veces no se ve. También demanda renuncias personales.
“En el alto rendimiento hay muchísimos sacrificios. Los más difíciles son estar lejos de la familia y perderse momentos importantes. Eso es lo que más pesa. Pero también uno entiende que para alcanzar ciertos objetivos hay cosas que debe dejar de lado. Hoy, con esta medalla, siento que todo ese esfuerzo valió la pena”, contó Dulor, que volvió a dejar su huella en una cita internacional.
Con sello tucumano
La consagración tuvo además un marcado sello provincial. Junto a Dulor celebraron Delfina Lazcano y Agustín Décima, este último dentro del cuerpo técnico como videoanalista, una función cada vez más importante en el hockey moderno, donde cada salida rival, cada córner corto y cada movimiento ofensivo se estudian al detalle.
“Es algo muy especial que seamos tres tucumanos en una misma delegación. Hace algunos años quizás no era tan común. Que hoy esté pasando nos pone muy contentos, porque significa que se está trabajando bien y que cada vez hay más jugadores con nivel para llegar. Ojalá esto sirva de ejemplo para los más chicos”, señaló.
En cancha, Argentina sostuvo una línea competitiva estable durante todo el certamen. Incluso frente a rivales que intentaron llevar el partido al roce físico o cortar circuitos con presión alta, el equipo mantuvo la idea. En torneos cortos, esa capacidad de no desviarse suele ser decisiva.
“Sabíamos que quizás no eran rivales como Alemania o Países Bajos, pero eso no cambiaba nuestra exigencia. Era un torneo que había que ganar. Tratamos de identificar en qué aspectos podíamos ser superiores, pero sin confiarnos. Todos los partidos había que jugarlos con la misma seriedad”, analizó.
El momento más incómodo apareció en semifinales contra el anfitrión Chile, cuando Argentina comenzó abajo en el marcador. En esos pasajes se prueba la madurez competitiva de un plantel: si se apura, se parte; si conserva la calma, suele encontrar respuestas.
“No diría que fue un momento crítico, pero sí incómodo. Empezamos perdiendo 1 a 0 y no es lo habitual para nosotros. Pero sabíamos que el partido era largo. Lo importante fue no apurarnos, mantener la tranquilidad y seguir con el plan. Eso nos permitió darlo vuelta”, recordó.
Ese tipo de respuestas terminan construyendo equipos campeones. También jugadores que empiezan a marcar una referencia. En Tucumán, Dulor ya ocupa ese lugar, aunque lo asuma con perfil bajo y sin exageraciones.
“Ser referente para chicos de Tucumán es algo muy lindo, pero también es una responsabilidad. Creo que hay que asumirlo con humildad y tratar de dar un buen ejemplo, que es lo que todos queremos hacer cuando representamos a la Selección”, expresó.
La chance de dar el salto
El siguiente escalón aparece de forma inevitable en cualquier análisis: Los Leones. “No creo que este sea el paso definitivo para llegar a Los Leones. Siento que todavía soy chico para ese objetivo. Este logro me sirve para seguir aprendiendo, entrenando y sumando experiencia. Mi etapa juvenil todavía es larga y quiero aprovecharla bien”, aseguró.
Cuando repasa el recorrido desde el club hasta esta consagración continental, no aparecen atajos ni golpes de suerte. Aparecen trabajo, continuidad y formación.
“El camino desde el club hasta la Selección fue largo y exigente. Estoy muy orgulloso de lo que fui construyendo. Siempre destaco mis ganas de aprender y de entrenar. Lo más importante es que sigo sintiendo lo mismo hoy”, cerró. En un deporte donde todo sucede rápido, pero donde nada importante se consigue de inmediato, Dulor empieza a mostrar una virtud poco común para su edad: entiende el juego, entiende los tiempos y entiende que todavía queda mucho camino por recorrer.