Por Mario Flores


“Después de su primera edición (2021) muchos sobrevivientes de Cromañón se contactaron con la autora. Querían expresarle su identificación y saber si tal o cual cosa eran ciertas”. Es clave la palabra ‘identificación’ en este texto de la contratapa de “De cara al sol”, la primera novela de Leticia Martínez (Buenos Aires, 1987) ahora reeditada por UMAS, sello independiente de Santiago del Estero. Tanto para la autora como para la editorial, este proceso de remasterización literaria vuelve a poner en circulación un texto sin dudas necesario y, naturalmente, actual.


A más de veinte años de la tragedia de Cromañón, y con numerosas publicaciones testimoniales, documentales y homenajes, la reedición de una pieza ficcional como “De cara al sol”, vuelve a poner más cerca de nosotros una manera de leer tanto un hecho histórico como el mundo literario que se desprende de ese suceso, de las conexiones entre el rock, lo social y el milenio. ¿En qué estado de lectura crees que el público -pero también las editoriales- se acercan a estas narrativas que recorren el sentido de un gran trauma nacional?


Leticia Martínez: La idea de trauma nacional me interesa porque lo pienso a modo de boomerang, lo tiras lejos y vuelve. En ese sentido, creo que las editoriales se acercan desde una lógica de la nostalgia o de cierta idea del recuerdo como algo valioso per se. Es decir, le dan valor a que determinado hecho histórico, en este caso la masacre de Cromañón, que es uno de los escenarios en “De cara al sol”, conforma ese trauma. Los lectores, o mejor dicho, si lo pienso como lectora, vamos a buscar reparación. Yo me acerco a esas narrativas desde ese lugar. Pienso en textos como “Operación masacre”, al que me acerqué para tratar de darle un nuevo sentido al concepto de violencia institucional y sólo tuve más preguntas. A mi modo de ver eso hace un buen libro, nos abre la mirada. En el caso de Cromañón, y a más de veinte años, no sé bien por qué sigo leyendo todo lo que aparece sobre el tema. Por qué me sigue importando. Quizás es por la amenaza que genera el boomerang, puede estar volviendo. A veces creo que en esa historia y en toda producción que trate el tema, trato de encontrarme a mí misma. Pero no en términos de identificación. A mí no me interesa generar representaciones sino más bien generar preguntas, incomodidad, molestia. Poder aceptar que en el enojo hay también alivio. Por supuesto que si alguien se identifica con la historia y los personajes, me parece bárbaro.

Todavía debo estar un poco desesperada por esa parte mía que se quedó gritando el nombre de sus amigos en la calle Bartolomé Mitre. Cuando viajo a Bs.As. y paso por ahí (trato de visitar el santuario cada vez que voy) puedo ver esa parte de mí. Lo triste es que es irreconciliable con lo que quedó. Quizás por eso a mí me sigue interesando lo que despierta una novela como “De cara al sol”. Creo absolutamente que la masacre de Cromañón abrió una herida generacional y social sobre la que todavía necesitamos dar cuenta.



La primera edición de la novela, a través de Gerania, fue en Tucumán (año 2021), y ahora la reedición en 2026, de la mano de Umas Editorial (de Santiago del Estero). Ambos sellos editoriales de provincias lejanas al "centro", con catálogos que implican una identidad cultural en la cual ésta, tu primera novela, dialoga con otras escrituras. ¿Cómo se piensa el recorrido de una primera novela y las etapas que atraviesa el libro con los años? ¿Cómo lees esta reedición y qué pensás sobre esta ardua tarea de volver a tener títulos disponibles?


LM: Esto quisiera primero señalarlo como una osadía de ambas editoriales. Tanto Gerania, en 2021, como Umas, en esta nueva edición. Es decir, editoriales del norte del país que se interesaron por una historia que sucede en Bs As. También, lectores/as por fuera de la ciudad que leyeron la novela. Me sigue resultando una osadia. Yo sé que la historia es buena, por el trabajo narrativo que tiene y por la aventura física de los personajes, pero que genere ese interés la masacre de Cromañón me sigue llamando la atención. Quizás soy yo la que no dimensiona la importancia de lo que nos pasó. No lo sé. Pero esta novela, que es re porteña, que trae el barrio, que trae a un grupo de amigas tomando la calle en los 2000, haciendo lo que querían con su cuerpo, me llena de orgullo que sea leída con tanto ahínco por fuera de Bs.As. Disfruto la idea de cierta descentralización, por algo me fui de mí ciudad. A veces me da risa (y vergüenza ajena) cuando leo o escucho a ciertos/as escritores/as hablar de los bordes y de descentralizarse y todas sus actividades artísticas confluyen en Bs.As. Al fin y al cabo, es tu literatura la que habla por vos. Y se nota cuando a los/as artistas les importa más el lugar del centro que su arte. Publicar es una consecuencia de escribir, no es el fin de escribir. Y yo, que ahora puedo elegir dónde publicar, me llena de orgullo hacerlo en editoriales independientes. Además que sean del norte, con el apego singular que tengo allí por mi madre y su familia.

La revancha de las que veníamos de las orillas es no dejarnos capturar por el centro. Además cuando estás en el centro no tenés perspectiva. A mí me interesa la distancia del punto central porque me permite ver y la visión es lo que da la medida artística. Además, las editoriales en las que publico cuidan la obra, quieren hacerla cada vez mejor, tejen alianzas. Me interesa más eso, el hacer político literario- editorial que el empresarial.

Me cuesta ver las etapas de esta novela o lo que fue pasando desde 2021. Me cuesta porque no sé calcular, yo escribo y después ordeno a partir de la corrección. Lo demás no me importa mucho. Cuando sale el libro lo re banco y lo de agito pero no estoy en la medida de su recorrido. Podría suponer que una medida de su recepción fueron los comentarios de lectores, que me escribían por redes sociales para decirme lo qué sentían. Otra medida fue que me lo pidieran y que estuviese agotado. Eso me daba bronca. Por qué no está, cómo no lo tenés. Supongo que eso también tiene que ver con la edición por fuera de las empresas que publican libros. Pero profesionalizar la labor editorial no va en desmedro de ser independiente. Es decir, los libros tienen que estar en circulación. Quizás algún editor/a me dirá que es caro reimprimir o que no se vende. Yo creo que hay que pensar modos. Así como se pensaron las ferias y otros circuitos de circulación para los libros, pensemos otras formas de financiar las obras. Inventemos, ya que creo que esa es la labor osada. Hacer algo a pesar de.



En este momento en particular, “De cara al sol” no es un libro relanzado individualmente, sino que también estás publicando un nuevo libro de cuentos (y una tercera reimpresión de “La mejor de la ciudad”), entonces las reediciones conviven con las nuevas publicaciones para poder acercarse a una posible idea de tu obra (intensa y veloz, según Sofía López Fleming); ¿cómo conversan estos libros en sus diferencias y estéticas particulares? ¿Hay nexos sustanciales o literarios en cada nuevo libro?


LM: Empecé a pensar si no estaba haciendo una especie de trilogía con lo que escribí de narrativa. Es decir, un gran universo narrativo compuesto por tres semi universos: De cara al sol y los dos libros de cuentos: La mejor de la ciudad, y el nuevo: La indicación de la luz. Me gusta pensar en mundos que contienen mundos. Tampoco es algo que me propuse (ni creo que podría proponérnelo) sino que es algo que pienso ahora, con los tres libros de narrativa ya publicados. No me gusta pensar conceptualmente o ponerle el concepto antes a la obra sino al revés, me interesa ver qué información me trae cada libro que hago una vez hecho.

Hay un epígrafe en el Tomo 1 de los Cuentos Completos de Abelardo Castillo donde dice: “todos mis cuentos, los ya escritos y los que aún quedan por escribir, pertenecen a un solo libro incesante. Los mundos reales”. Y así se titula su obra completa de cuentos. Eso me parece fascinante. Aquello que insiste y que quizás se calma momentáneamente, pero estamos en ese solo libro incesante. Una especie de pesadilla.

Podría decir que “De cara al sol” y "La mejor de la ciudad" comparten cierto cotilleo incesante. Los excesos, la autodestrucción. También podría decir que me harté de esos mundos aunque siempre están. “La indicación de la luz” siento que abre otro universo, de un realismo extrañado o realismo místico, cómo me gusta decirle. A mí no me interesa el fantástico ni ningún género en sí, creo que esas no son preocupaciones artísticas sino de la crítica, el periodismo y las/os lectores. Pero sí me interesa empujar lo real y creo que eso apareció en "La indicación de la luz”. O sea, entendí eso después de escribir los cuentos. Fueron cuatro años de escritura y corrección. Cuando cerré “La mejor de la ciudad" y ganó el premio, yo ya estaba con este otro universo y enseguida noté que no era el mismo que el de “De cara al sol” o el de “La mejor de la ciudad”. Eso me dio alivio. Y mientras “La mejor de la ciudad” todavía no se publicaba, yo seguía escribiendo y corrigiendo los cuentos nuevos que saldrán ahora.

Algo que tienen en común los tres libros tiene que ver con mi forma de trabajo: el tiempo y la paciencia. Me toma tiempo escribir y corregir y me gusta que así sea. Escribo por necesidad, ni siquiera lo hago por gusto, porque para hacer algo por gusto me como un buen alfajor.  Entonces, esa necesidad encuentra asidero en el trabajo paciente sobre cada historia, cada personaje. Las historias toman toda mí atención y eso tampoco lo elijo. Leo mucho para corregir y eso sí es un gusto, un placer enorme. Creo que nunca me siento tan bien como cuando leo una buena historia o un buen poema.

Lo de intensa y veloz me lo suelen decir, a pesar mío, no sé bien a qué se refieren. Tendré que seguir pensando. O que los lectores/así lean los libros y me digan qué les parece. Eso sí me interesa, que hagamos conversación.



Rescatar libros que hasta el momento estaban fuera de catálogo y volver a ponerlos en circulación es una compleja labor editorial que, además, relee y redescubre ciertos textos necesarios de seguir leyendo hoy; ¿en ese 'hoy', cómo se lleva a cabo una dirección editorial entre la actualidad urgente de sacar novedades insistentemente y la tarea minuciosa de un sello que decide publicar títulos que tienen ya un peso propio?


Mario Lavaisse, Editor de Umas: Siendo honesto, venía un poco preocupado por la inactividad prolongada en años. Lo último que sacamos fue en 2023 (una reedición de “Cuarteto bolche” cuya primera edición es de 2016, así que tampoco cuenta tanto como novedad). Lo anterior, en 2021. Así que estaba un poco desesperado por sacar algo, lo que sea. Y se me cruzó una chica por el camino y un morocho, así que viene bien para cubrir el cupo concha y el cupo morocho. Hablando en serio, debo decir que dada esta discontinuidad propia en el quehacer editorial, no siento en lo personal que haya una urgencia de sacar nada. Tampoco tengo el dinero ni el tiempo: ya estoy andando forzando la máquina. A los que me preguntan cómo hago les respondo: "preguntale a mi pareja". Alfredo Díaz de Editorial Tóxicxs (Los Quiroga, Santiago del Estero) me hace burla directamente. Cuando le conté de una novedad que tenía en mente me contestó "y bueno… para hacer algo". A él sí sé que le empieza a picar algo cuando no se llega, por ejemplo, a las cinco novedades al año. Veo en él a un editor profesional porque está en toda la cadena de producción, yo mando PDFs a la imprenta. Lo del peso propio creo que no son los títulos los que lo tienen sino sus autores. No son dos cualquiera tirados de los pelos. Leticia Martínez y Mario Flores son unos autores del carajo, que tienen su trayectoria, y estoy honrado por sumarlos a mi catálogo. No sé cómo los convencí, la verdad. Capaz sea discutible que no tenga peso propio la novela “De cara al sol”, porque anduvo muy bien la primera edición que fue de Gerania (Tucumán) en 2021. No es en ese sentido "una apuesta". Tampoco el de Mario es una apuesta. Semejante chango grande ya. Me cuelgo de sus tetas para presentar la colección ‘Guitarra’, de ensayo y no ficción. Siguiendo con lo del "peso propio", nosotros insistimos en que publicamos "argentinos vivos con trayectoria vigente", eso decimos desde el principio, pero muy pronto nos apareció Francisco René Santucho y su obra que va de 1953 a 1975, año de su desaparición forzada. Así que no duró mucho la narrativa de "argentinos vivos". Descubrimos rápido que hay valor en el pasado. Dice Ernesto Picco que leyó en un subtítulo alusivo a una reedición de Canal Feijóo la frase "reeditar es resucitar", y él lo asoció al gesto de reunir la obra publicada de Francisco René. Eso fue una co-edición de cinco sellos, en 2016. Un esfuerzo de la familia que resguardó ese material mucho tiempo y que era justo y necesario que recircule. No para que Francisco René ascendiera al pedestal de los notables, sino para seguir discutiendo ahora con su palabra fresca que pasó muchos años siendo considerada ilegal. Es que indio y zurdo es mucho para este país, ¿no? Sintetizando, en Umas no hacemos apuestas, vamos a la segura. Queremos autores que se la crean y que quieran seguir creyéndosela muchos años más. Nunca sacamos un primer libro de ningún autor y si se puede considerar en tal o cual que sí lo fue, fueron libros muy esperados por el público. ¿Sacamos pocos libros? Sí, pero todos son buenos libros. Y con una edición mucho más cuidada que lo necesario. ¿Estoy insinuando que el que publica diez novedades al año tiene más probabilidad de sacar caca que el que saca una al año? No lo estoy insinuando. Lo estoy declarando abiertamente. ¿Es una excusa autocompensatoria? Capaz.



¿Cuántos años de hacer libros lleva Umas? ("Hacer" libros, en el sentido no sólo de imprimir sino de generar experiencias a través de los libros, como por ejemplo presentar “De cara al sol” en una librería también independiente, con la intervención de otros escritores). “De cara al sol” se suma a una colección cuyo título -Cascote- ya previene del poder gravitatorio de una novela firmada por Leticia Martínez, ¿cómo se construye este ecosistema federal de libros y cuáles son los horizontes de su acción al menos en este año?


ML: Este año cumplimos diez. Sacamos tres en 2016. Después uno en 2018, otro en 2019. Otro en 2020, entre barbijos y alcohol en gel. Ese nos llevó a otro en 2022. Y la reedición que comenté en 2023. Ahora estas dos novedades en 2026. Son diez libros en diez años no continuados (y contando entre los diez a la coedición de Francisco René Santucho de 2016). Este año proyectamos sacar tres más. Uno inaugura nuestra colección de infantiles y será un suceso. Lo venimos trabajando hace más de cinco años al libro. Formato original, ilustrado, bilingüe, un montón de gente laburando. La autora es Luisa Paz y le prometí que sale este año. Kakuy es el título, de la colección Espantos, que implicará relectura de leyendas tradicionales. Otro es de Ayar Blasco, el crack creador del ratón Disnei y su ególatra universo. “El origen de la propiedad privada”, el título. Y finalmente una antología de varios autores que también inaugura la colección Influencias. Nuestros autores favoritos contándonos a su vez sobre los suyos. Ya tengo texto de Lucas Cosci, de Fabián Soberón, de Leticia Martínez, de Diana Beláustegui y muchos más. Anticipo esos. Así que hablando de "horizonte de acción" a fines del 2026, preguntame de nuevo y te diré diez años y trece libros. No quiero sonar cipayo pero no me anima ningún federalismo en la construcción del catálogo. Busco buena literatura y para ir a venderla en Córdoba (que tiene un lindo mercado). No soy tan prejuicioso con mis autores. No les miro el DNI a ver dónde nacieron. No les miro el Instagram a ver si agitan algo por ahí. Las redes sociales no nos interesan tanto. No dejan lugar para la disposición a la lectura así que nos concentramos en buscar buena literatura para meterla dentro de libros lindos, levantables del paño. No quiero ni entrar en lo del federalismo. Ya confesé que, al contrario, soy re contra interesado porque pienso en el público cordobés siempre, cada vez. Aunque el autor venga de Tartagal -por decir un lugar-, si funciona en Córdoba funciona para nosotros. Retomo por lo de la ausencia chistosa de prejuicios. Aunque algún autor sea porteño -pobrecito, ¿todos tenemos algún defecto, no?-, digo, aunque sea porteño capaz escribe algo que vale la pena. María Lobo dice que se puede escribir con el imaginario del centro desde la periferia y tiene razón. En ese sentido Elena Anníbali también me dijo "hay chicos en la patagonia que escriben más en porteño que en CABA". La literatura que publicamos los Umas recontra funcionaría en los grandes centros (algunos títulos llegaron a rozar el éxito), así que no puedo evitar sentir cada vez que saco un libro lindo, que estoy cagando a un gordo alemán hijo de, que forma parte del directorio de Bertelsmann y en su puta vida leyó un buen libro. Lo estoy cagando porque estoy publicando a uno que se les escapó. A uno que podría andar muy bien en los grandes escaparates. Ya vas a ver cómo el tiempo me va a dar la razón.