A poco más de dos meses del inicio del Mundial 2026, el torneo ya se perfila como uno de los más condicionados por el contexto internacional. Con Estados Unidos como principal anfitrión, distintos conflictos políticos, económicos y hasta bélicos con países participantes alimentan la idea de que será “el Mundial más político” de la historia reciente.
El caso más delicado es el de Irán. Ambos países atraviesan un conflicto armado que se desató a fines de febrero, tras un bombardeo estadounidense que incluyó la muerte del líder supremo iraní. Si bien actualmente hay un cese al fuego temporal, la tensión sigue latente y hasta puso en duda la participación del seleccionado asiático.
Pero no es el único foco de conflicto. Incluso con sus socios en la organización, México y Canadá, Estados Unidos mantiene diferencias, principalmente por la imposición de aranceles del 25% a productos importados. En el caso mexicano, además, se suman viejas tensiones por cuestiones migratorias y de seguridad fronteriza.
También aparecen cruces con Sudáfrica, tras acusaciones del expresidente Donald Trump sobre un supuesto “genocidio” que fueron rechazadas por ese país, y la ausencia estadounidense en la última cumbre del G20 organizada allí.
A este escenario se agregan restricciones migratorias que afectan a selecciones como Irán, Haití, Senegal y Costa de Marfil, lo que podría complicar la llegada de hinchas. En este contexto, el desafío no será solo futbolístico: el Mundial 2026 también se jugará en el terreno de la geopolítica.