A las 10.30 de la mañana, en el Teatro Alfredo Guzmán de Banda del Río Salí, la atención de los estudiantes no estaba puesta en una ceremonia ni en un acto formal. Había algo más cercano en el aire: la sensación de que lo que se iba a contar ahí podía tocar una fibra concreta. 

En las butacas se mezclaban chicos de colegios secundarios del municipio, entre ellos: Colegio Inmaculada Concepción, la Técnica General Belgrano y otras instituciones de la zona, con docentes, autoridades y jóvenes que llegaron con una pregunta más o menos compartida: si una beca internacional era de verdad una posibilidad o apenas una ilusión lejana.

La charla se tituló “Del formulario al boarding pass: guía real para aplicar a una beca” y formó parte del ciclo “Jóvenes tucumanos en el mundo”, organizado por la Secretaría de Estado de Relaciones Internacionales y Empresariales, a cargo de Virginia Ávila, junto a la Secretaría de la Juventud de Tucumán, encabezada por Melina Morghenstein

La disertante fue Milagros Arghittu, presidenta de Voces Jóvenes, quien habló desde un recorrido propio que en los últimos años la llevó a experiencias internacionales, pero sin caer en una exposición de logros vacía. Lo que hizo fue otra cosa: convertir ese camino en un puente para los demás.

CICLO DE CHARLAS. Milagros Arghittu junto a Virginia Ávila, la secretaria de la Secretaria de Estado de Relaciones Internacionales y Empresariales. / GENTILEZA DE DIRECCIÓN DE JUVENTUD BRS

Del miedo a la posibilidad

Arghittu no planteó la charla como una enumeración de requisitos ni como una lista fría de oportunidades. La construyó alrededor de una idea que se repitió durante toda la mañana: antes de aplicar a una beca, hay que animarse. Y para eso muchas veces hay que perder el miedo.

Contó que cuando era chica era vergonzosa, que no siempre le resultó fácil hablar, mostrarse o confiar en lo que tenía para ofrecer. Esa referencia personal conectó con el público, porque corrió la conversación del lugar del mérito perfecto y la llevó a una escena más reconocible: la de un joven que duda, se achica, siente que no le alcanza o que esas oportunidades son para otros. 

El mensaje fue claro: aplicar a una beca no empieza cuando se manda un mail ni cuando se llena un formulario. Empieza antes, cuando alguien se anima a pensar que su historia puede valer, que su voz merece espacio y que su origen no tiene por qué ser un límite. 

En una provincia que muchas veces se siente periférica, Milagros buscó desarmar esa idea de distancia. Lo dijo sin grandilocuencia, pero con insistencia: no importa que se venga de la provincia más chica del país; lo importante es tener algo para construir.

Un recorrido para mostrar que sí se puede

Durante la presentación, repasó parte de su camino. Mencionó su participación en la Conferencia Internacional de Financiación al Desarrollo de Naciones Unidas, en Sevilla, España, en julio de 2025; la beca de liderazgo de la fundación MCW Global, en Nueva York y Vermont, en julio de 2025; el Encuentro de Juventudes de la Red Latinoamericana de Bosques Modelo, en Perú, en octubre de 2025; y la beca del Gobierno de Estados Unidos y Fulbright “SUSI Student Leaders”, enfocada en emprendedurismo y desarrollo económico, realizada entre enero y febrero de 2026. 

CHARLA. Milagros Arghittu encabezó la charla y dejó una idea: las becas no son solo para promedios perfectos, sino también para quienes se animan a intentar. / GENTILEZA DE DIRECCIÓN DE JUVENTUD BRS

También recordó que antes de ese salto internacional hubo un recorrido previo a nivel nacional, como becaria del Consejo Federal de Inversiones y de la Aceleradora de Democracia Potencia Argentina, una antesala que le permitió empezar a construir experiencia y confianza.

Pero lo más potente no fue el currículum en sí, sino cómo lo tradujo para quienes la escuchaban. Les habló de propósito, de encontrar qué les gusta hacer, en qué son buenos, qué necesita el mundo y cuál puede ser su área de influencia. Desde ahí, explicó, también se eligen mejor las becas a las que vale la pena aplicar. 

En una de las placas que mostró durante la charla aparecía una consigna que resumía esa búsqueda: “Tu propósito no se busca, se descubre”.

Mucho más que un promedio

Otro de los puntos que más resonó fue cuando desarmó la idea de que las becas son solo para alumnos con promedio 10. Arghittu remarcó que también cuentan las ganas, el compromiso, la motivación, las cartas de recomendación y el vínculo con la comunidad. No se trata únicamente de viajar o “conocer el mundo”, sino de aprender prácticas, ampliar la mirada y después devolver algo de todo eso al lugar del que uno viene.

También impulsó a los chicos a no minimizar lo que ya hacen. Les dijo que proyectos escolares, investigaciones, actividades solidarias o intereses personales pueden formar parte de un currículum, incluso a los 17 años. 

Y los alentó a comunicar lo que hacen, a perder la vergüenza de mostrarse, a construir una narrativa propia y a crear comunidad alrededor de sus intereses. 

El cierre tuvo otra energía. Cuando se abrió el espacio para preguntas, la charla dejó de ser exposición y pasó a ser conversación. Desde las butacas empezaron a aparecer inquietudes muy concretas: becas de fútbol, oportunidades para quienes quieren dedicarse al arte, programas de estudio en Estados Unidos. No eran preguntas hechas desde la curiosidad lejana, sino desde una necesidad más cercana, como si de a poco ese universo hubiera dejado de verse ajeno. En ese momento quedó claro que algo se había movido durante la mañana. Los chicos ya no estaban preguntando si de verdad era posible acceder a esas experiencias, sino de qué manera podían empezar a hacerlo ellos también.

CHARLA. Al cierre del encuentro, varios jóvenes se acercaron a Milagros Arghittu para seguir consultando. / GENTILEZA DE DIRECCIÓN DE JUVENTUD BRS