Claudio Ubeda puso en valor el presente de Tomás Aranda, una de las apariciones más importantes de Boca en este tramo de la temporada. El juvenil, surgido de la Reserva campeona, se consolidó como una pieza clave en el funcionamiento del equipo, ocupando el rol de enlace entre los volantes y los delanteros.
Tras su debut en la Copa Libertadores, donde fue determinante, Aranda confirmó su crecimiento y rápidamente dio el salto a la Selección Sub-20, donde incluso llevó la camiseta número 10. Su irrupción también se explica por la necesidad del equipo ante algunas ausencias, pero sobre todo por su capacidad para aportar claridad y conexión en el juego.
Aunque pidió cautela para no “sobredimensionar” su figura, Úbeda no evitó elogiarlo: “Ojalá que pueda ser el mejor jugador del mundo”, afirmó, dejando en claro la confianza que tiene en su proyección.
El entrenador también destacó el contexto que rodea al juvenil, con futbolistas de experiencia y buen manejo como Leandro Paredes, Santiago Ascacibar y Milton Delgado, que potencian su crecimiento dentro del equipo.
De promesa a realidad, Aranda ya dejó de ser una apuesta para transformarse en una pieza fija en el once de Boca.