Sudáfrica, Namibia, Australia, Argentina. Un hilo conductor se extiende por encima de los océanos y conecta el costado más oscuro y doloroso de la historia del Hemisferio Sur. Una trama tejida a la distancia por J.M.Coetzee y Fabián Martínez Siccardi, quienes relatan los cómo y los por qué del exterminio al que fueron sometidos pueblos originarios de los cuatro países. Así se estructura “Un mal salvaje”, libro que navega entre el ensayo y la crónica, y en el que un concepto se repite, una y otra vez: genocidio.

Ganador del Nobel de Literatura en 2003, Coetzee nació en Ciudad del Cabo y desde hace tiempo vive en Australia. Cuenta cómo los colonos neerlandeses -los boers- barrieron con bosquimanos y hotentotes en Sudáfrica, y cómo los alemanes hicieron lo propio con quienes poblaban la actual Namibia. Testimonios como el del general Lothar von Trotha lo dicen todo: “los africanos sólo se someten a la fuerza. Ejercer esa fuerza mediante el terrorismo descarnado e incluso con crueldad ha sido y es mi política. Yo destruyo a las tribus rebeldes con ríos de sangre y baldes de dinero”.

A Martínez Siccardi, quien dedica su obra a visibilizar lo sucedido en la “Patagonia trágica” -tal como la definió José María Borrero-, le toca narrar nuestra parte de la historia. Son las causas, y sobre todo los efectos, de la Conquista del Desierto. Los datos -incontrastables- dan cuenta de la herida mortal infligida a la cultura de esos pueblos.

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El libro se abre con un profundo diálogo literario entre los autores. Coetzee y Martínez Siccardi no se quedan con el colonialismo como única causa de estos genocidios; van más allá en el análisis y encuentran inquietantes conclusiones en torno a lo más feroz de la naturaleza humana.