La amenaza de fuertes tormentas fue el pronóstico repetido desde la mañana. Después de las 19, las primeras gotas fueron la señal de que no iba a ser una lluvia cualquiera. Las calles se sumergieron bajo una mezcla de agua y barro. Las imágenes empezaron a circular por las redes. Pero nadie imaginó que este temporal iba a ser el más trágico desde que empezó el año, llevándose la vida de tres tucumanos. Y ahora cobran dimensión muchas de las preguntas que nos hacemos cuando los meteorólogos indican “alerta amarilla o roja”: ¿cuánto puede llover?, ¿qué tan peligroso es salir?, ¿qué hacer si la tormenta nos sorprende en la calle?, ¿cuándo deja de ser riesgoso?

Para responder a estos interrogantes, se consultó a especialistas que, desde distintos ámbitos, enfrentan estas situaciones en el territorio. Sus respuestas coinciden en un punto central: la prevención y el sentido común pueden marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.

Desde los Bomberos Voluntarios de Yerba Buena, Hernán Rodríguez Salazar fue contundente: “las recomendaciones están para salvar vidas, no para molestar. Si te dicen que no cruces o que te quedes en casa, es porque el riesgo es real. Ignorarlas es comprarse un problema y poner en riesgo a los que después tienen que ir a rescatarte”.

La experiencia en el terreno le permite afirmar que hay situaciones que directamente no pueden manejarse. “Cuando la naturaleza se ensaña, se ensaña. Hay momentos donde el agua tiene tanta fuerza que no hay camioneta ni autobomba que aguante. Ahí no queda otra que esperar y priorizar la vida: lo material se recupera, la persona no”, dijo.

MAXIMO CUIDADO. El nivel del agua engaña: unos pocos centímetros pueden mover un vehículo.

Esa misma lógica se aplica a una de las decisiones más difíciles: qué hacer cuando la tormenta sorprende en plena calle. La respuesta, aunque va contra la urgencia cotidiana, es clara. “No te desesperes por llegar. Buscá un lugar alto, estacioná lejos de los árboles -que con el viento se caen- y esperá. Es mejor llegar dos horas tarde que no llegar”, remarcó. También advirtió sobre uno de los errores más comunes: subestimar la fuerza del agua. “Si ves agua corriendo, no pases. Parece poca, pero te mueve el auto en un segundo”.

Ramón Imbert, titular de Defensa Civil de la provincia, reforzó esta idea y le agregó un componente clave: las alertas no son sugerencias. “Son protocolos basados en análisis de riesgos y en la experiencia operativa. La mayoría de los incidentes graves ocurren por subestimar el peligro”, señaló. Y agregó que respetarlas también permite que los equipos de emergencia no se saturen con situaciones evitables.

Imbert insistió en que, en caso de tormenta, lo más prudente es detenerse. “No hay que intentar ganarle a la lluvia. Hay que buscar un lugar seguro y alto, evitar árboles y postes, y nunca cruzar calles donde no se vea el cordón de la vereda. El agua en Tucumán engaña y puede arrastrar más fácil de lo que se cree”.

LA FUERZA DEL AGUA. Uno de los mayores riesgos durante el temporal.

Otro punto crítico es el momento posterior a la lluvia. Muchas personas creen que el peligro termina cuando deja de caer agua, pero los especialistas advierten que no es así. “Lo ideal es esperar entre 40 y 60 minutos”, explicó Imbert. El motivo es que el agua de zonas más altas puede seguir bajando, las alcantarillas pueden colapsar y los cables caídos representan un riesgo invisible.

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En la misma línea, Carlos Cambera, director de Defensa Civil de Tafí Viejo, subrayó que los fenómenos naturales tienen dinámica cambiante e impredecible. “Un mismo evento puede repetirse y tener consecuencias totalmente distintas. No se puede determinar con exactitud el comportamiento de un cauce en cada tormenta”, afirmó.

Por eso, todas las campañas de prevención coinciden en una consigna básica: detenerse, no avanzar y mantenerse en un lugar seguro. “Siempre hay un sitio menos peligroso: una zona alta, un resguardo. Lo importante es saber elegirlo y evitar árboles, zonas bajas o depresiones del terreno”, explicó.

Confianza excesiva en la tecnología

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la confianza excesiva en la tecnología. Tanto Imbert como Cambera coinciden en advertir sobre el uso del GPS en situaciones de emergencia. “El GPS es útil para el día a día, pero en una tormenta es ciego. Te manda por la ruta más corta, pero no sabe si esa calle es un río o si hay un árbol caído”, advirtió el titular de Defensa Civil provincial. Cambera fue aún más directo: “no se puede tomar una decisión en emergencia basada en el GPS. Es solo un dato referencial; el GPS no indica en tiempo real la acción de: la niebla, de la lluvia o de la caída de un puente”.

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El riesgo aumenta aún más cuando se trata de vehículos atrapados por el agua, una de las situaciones más frecuentes y peligrosas. Rodríguez Salazar explicó que el tiempo de reacción es clave: “si el agua empieza a subir, hay que salir del auto inmediatamente. Si esperás demasiado, la presión no te va a dejar abrir la puerta”. En esos casos, recomendó romper el vidrio lateral -nunca el parabrisas- con algo con punta o sacando el apoyacabezas y usando los fierros. Luego, buscar un lugar alto o subirse al techo.

Imbert coincidió en que abandonar el vehículo suele ser la mejor opción. “Quedarse encerrado en un rodado que flota es un riesgo altísimo; puede convertirse en una trampa”, señaló.

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Cambera, por su parte, aportó un dato fundamental: los autos modernos, por su estructura liviana y hermética, pueden flotar como una embarcación en los primeros segundos. “Después se llenan de agua, pero en ese lapso pueden ser arrastrados. Por eso es clave abrir las puertas para que el agua circule y evitar el desplazamiento”, sostuvo.

Las coincidencias entre los especialistas no son casuales. Todos insisten en que la clave está en la autoprotección. Y recordó que incluso en países con mayor infraestructura se registran tragedias ante eventos extremos.