Adoptar un sistema de inclinación, ya sea en la cinta del gimnasio o con las cuestas naturales de nuestro alrededor, es una estrategia interesante. La ciencia del deporte lo ha validado recientemente: la eficiencia metabólica frente a la intensidad bruta.

Correr a alta intensidad quema muchas calorías, pero el cuerpo prefiere usar glucógeno (azúcares) como combustible rápido. En estudios recientes de 2024 y 2025 compararon el entrenamiento de inclinación con el trote suave.

Aunque el gasto calórico total puede ser similar, la caminata con inclinación (como el famoso método 12-5-30, inclinación, velocidad en kilómetros por hora y tiempo) utiliza un mayor porcentaje de grasa (aproximadamente 41%) frente al trote (33%). Esto ocurre porque el cuerpo se mantiene en una zona de frecuencia cardíaca moderada donde el oxígeno permite metabolizar grasas de forma más eficiente.

Referencias

Desde Harvard Health (medios y publicaciones de la Facultad de Medicina de Harvard) se han publicado datos sobre cómo el senderismo o caminar con elevación quema sustancialmente más calorías que caminar en plano, incluso a velocidades bajas. Según sus datos, una inclinación del 5% al 10% puede duplicar el gasto energético.

Fisiólogos del ejercicio como Justin Rothstein destacan que la inclinación obliga a una mayor activación de los glúteos, isquiotibiales y pantorrillas. Al involucrar músculos más grandes y potentes, el motor metabólico se mantiene encendido por más tiempo. 

La inclinación es mejor que correr para muchos porque hay menos impacto articular ya que siempre hay un pie en contacto con el suelo. No hay el "mini-salto" constante del running, lo que protege rodillas y tobillos.

La sostenibilidad, en especial para una persona promedio, es más fácil ya que puede mantener una caminata cuesta arriba durante 30-40 minutos que correr a una intensidad alta durante el mismo tiempo.